Después de las elecciones ¿qué? | Hugo Rangel Vargas

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#Opinión | Analista

La democracia tiene la enorme virtud de alentar derroteros de esperanza y de renovar la expectativa de escenarios de bienestar para los pueblos. Si en algún momento cobra mayor vida la definición de Ortega y Gasset de la sociedad como una unidad dinámica de masas y minorías, es en la lucha democrática.
La sincronía histórica de procesos electorales que ocurrió en este año en nuestro país revitalizó la democracia formal y representativa, y en buena medida la motivación de la participación democrática tuvo como factor determinante las diversas crisis que se entreveran en la realidad nacional y que generan una sensación de malestar creciente entre una amplia mayoría de ciudadanos.
En Michoacán, se reproducen estas crisis con matices propios que otorgan acentos a tales o cuales factores. La capacidad de asimilarlas en una plataforma política derivó en la construcción de una mayoría electoral que favoreció a MORENA y a su candidato, misma que se tendrá que traducir en determinaciones puntuales, una vez que el nuevo gobierno comience su gestión.
El gobernador electo y su equipo de trabajo tendrán que presentar acciones inmediatas que relegitimen la determinación que una mayoría de michoacanas y michoacanos tomó en las urnas, ello a través del llamado programa de los cien días y de un plan estatal de desarrollo.
La motivación a la participación de muchos de los electores se encontró claramente en al menos tres malestares que aquejan a Michoacán y en los que el nuevo gobierno debe enfocar sus baterías: la violencia y la inseguridad que han lastimado la tranquilidad y la economía de las familias, la enorme desigualdad entre la población y entre las regiones de la entidad, así como la crisis en la relación entre el gobierno y la ciudadanía que resta legitimidad a las políticas públicas y las instituciones.
La estabilidad de toda la administración estatal que encabezará Alfredo Ramírez Bedolla dependerá en buena medida de la capacidad que tenga para perfilar alternativas a estas tres problemáticas, pero también de la forma en la que maneje las condiciones que derivan de la forma sui géneris en la que asumió la candidatura de MORENA a la gubernatura. La mayoría democrática que se manifestó a su favor, podría ser la herramienta que dé legitimidad a determinaciones de fondo que atiendan las crisis mencionadas y que le permita solventar los compromisos políticos que se generaron con su ascenso a la postulación morenista al solio de Ocampo.
Sin embargo, el reto más importante del gobierno de la Cuarta Transformación en Michoacán será el de la reconciliación y al parecer así lo ha entendido el propio Ramírez Bedolla quien lo mencionó así en su discurso al recibir la constancia de mayoría. La inestabilidad política, la violencia, la pérdida de empleos y de patrimonio, la migración forzada de miles y la corrupción rampante; se han agolpado en el día a día de Michoacán, sin dar tiempo para la necesaria catarsis en la conciencia de los michoacanos. Sin duda alguna entonces, sin reconciliación no habrá transformación.