Morelia, Mich.|Víctor Ruiz/Acueductoonline.- En la playera de su nieto está impresa la imagen de su hijo. “Están igualitos, es como si lo estuvieras viendo a él”, dice con la mirada cabizbaja. Se llama Petra Gómez y el pasado 5 de abril cumplió nueve años sin que sepa nada de Mauricio.
Se oculta el rostro con un pañuelo en el que se lee “Vivo los queremos” y aunque es notorio que lleva tiempo llorando, las lagrimas vuelven a fluir cuando comienza a contar su historia: “Mi hijo tenía 26 años, era un hombre trabajador, tenía su negocio, era ingeniero en electrónica y quería mucho a sus dos hijos”.
Aquel fatídico 5 de abril, habían regresado de Guerrero a la capital michoacana. Antes de ir a dormir, Mauricio le comunicó a su madre que iría a tomarse unas cervezas con sus amigos, en la colonia Canteras. Un par de horas después, la noticia llegó hasta los oídos de Petra para no volver a ser nunca más la misma.
“Los amigos de él me fueron a avisar que llegaron dos camionetas, todos encapuchados y que lo señalaron, se lo llevaron y ya de ahí nunca más he vuelto a saber de él. Yo sabía que en ese tiempo se llevaban a los jóvenes, sin deberla ni temerla, mi hijo fue uno de ellos”.
Lo que vino después se ha convertido en un auténtico viacrucis. Se sumó al colectivo “Alzando Voces” y la búsqueda ha sido incansable. Con el apoyo de sus tres hijas, han recorrido estados, organizaciones y las siempre cuestionables autoridades.
“No nos hacen caso, no nos escuchan, no se ponen en nuestros zapatos, en el dolor que sentimos con la desaparición de nuestros hijos, es algo muy triste porque cuando ellos se ponen a apoyar a la gente lo hacen, pero no han querido, no sé por qué son tan apáticos a este problema de la sociedad, porque no son ni uno ni dos, son miles de jóvenes los que se han llevado”.
Los 10 de mayo son utilizados por Petra para recordar a Mauricio. Lo define como un hijo muy cariñoso, trabajador y responsable. Le pide que, donde quiera que se encuentre, se cuide mucho. “Decirle que lo amo y que nunca dejaré de buscarlo para poder abrazarlo”.
En el colectivo, Petra ha encontrado un respaldo, eso que llaman solidaridad. Se dan ánimos entre madres y se recuerdan que está prohibido cansarse. Los hijos de Mauricio ya se encuentran en los Estados Unidos, pero mientras ellos crecen, asegura que ella no cesará en su búsqueda.
Por momentos parece agotada, pero a cada consigna responde firmemente. Se deja abrazar por su nieto y vuelve a levantar el rostro. “Yo quiero saber dónde está, vivo o muerto” expresa y trata de encontrar en la respuesta un mecanismo para dignificar la memoria de su hijo.





