Morelia, Acueducto.- El coronavirus y el encierro sentenciaron a las mamás a ser dueñas de casa, trabajadoras a distancia y también profesoras o compañeras de curso de sus hijos. La mayor exigencia se la llevan las jefas de hogares monoparentales, que ya están acusando el agotamiento. La sicóloga Ana María Arón recomienda no sobreexigirse: “A los niños no hay que planificarles tanto la vida”, dice.
“El coronavirus es un desastre para el feminismo”, sentencia de entrada la periodista británica Helen Lewis en un artículo que publicó hace unos días The Atlantic. Lewis plantea que la pandemia afecta a hombres y mujeres de manera diferente y que uno de los efectos más llamativos del coronavirus será enviar a muchas parejas a la década de 1950. “En todo el mundo, la independencia de las mujeres será una víctima silenciosa de la pandemia”, agrega la autora de Difficult Women: A History of Feminism in 11 Fights, libro que lanzó en febrero pasado.
Lewis dice que en los últimos días la conversación sobre esta pandemia se ha ampliado y no sólo vivimos una crisis de salud pública, sino que también económica y doméstica. El cierre de jardines infantiles y colegios trasladó el trabajo del cuidado de los niños desde la economía remunerada a la no remunerada y, en ese escenario, a las mujeres que están a cargo de su hogar no les queda otra opción que asumir la carga y, por su parte, las parejas deberán dirimir quien se lleva la parte más pesada.
Esa discusión parece zanjada con anterioridad. Un estudio de Comunidad Mujer evidencia la brecha de género que aún existe en cuanto al cuidado de la población dependiente (niños, adultos mayores, enfermos). Las mujeres destinan 21 horas en promedio a la semana a ese trabajo, mientras que los hombres sólo ocupan 9,4 horas. En el tramo de 25 a 29 años, esa brecha aumenta al triple.





