Morelia, Mich.|Víctor Ruiz/Acueductoonline.- Lo de Morena parecía una toma de protesta de gobierno, un festejo adelantado. Un mitin a destiempo. Todavía no estaba a la vista el salón Cantabria, pero las banderas y playeras del partido del presidente de la República desfilaban por las calles aledañas.
Al interior: cientos de sillas, chalecos guindas, un templete amplio, cámaras de video, servicio de bebidas y un maestro de ceremonias que insistía en que todos tomaran sus asientos y que respetaran la sana distancia con el respectivo cubrebocas puesto.
La teoría indicaba que las miradas se centrarían en tres figuras: Mario Delgado Carrillo, presidente nacional de Morena; Alfredo Ramírez Bedolla, candidato a la gubernatura de Michoacán; y Raúl Morón Orozco, excandidato a la gubernatura y ahora presidente estatal de Morena.
Pero hubo alguien más que también robó reflectores desde su llegada. Con un sombrero que no se ha desprendido desde que iniciaron las campañas políticas, Estephania Valdés García regalaba fotos por doquier. La viuda del ya fallecido exautodefensa, José Manuel Mireles, posó, sonrío y señalaba con sus manos la 4T a cuanto militante se lo pedía. Solamente se detuvo cuando el sonido anunció la llegada de los liderazgos.
Vinieron los empujones, el caminar lento, la disputa de los fotógrafos por llevarse la mejor imagen y también sobrevino el caos. Con desesperación, el personal del salón trataba de dotar de gel antibacterial a quien se pusiera enfrente, sin lograrlo al 100 por ciento.
El dirigente nacional lucía sonriente, seguro de sí mismo. Alfredo Ramírez era la estrella de rock del día, todos pedían un saludo, una foto o que simplemente les extendiera la mano. Raúl Morón acompañaba fielmente a ambos, pero el entorno era extraño, pues pasó de ser el centro de atención a un simple testigo más.
En la parte trasera del inmueble, los militantes de segunda línea miraban los discursos a través de una pantalla. Lanzaban alaridos, ondeaban las banderas y organizaban las consignas de respaldo. “¡No estás solo, no estás solo!” retumbaba en el salón y Raúl Morón regresaba el gesto con un saludo a la distancia.
El espacio fue insuficiente. No había una sola silla libre y mientras Mario Delgado incitaba a los simpatizantes a defender las elecciones, algunos morenistas buscaron acomodo en el templete de prensa. Ante la negativa de los periodistas de ceder un milímetro, se presentó la frase que desató la ira de los representantes de los medios: “Han de ser prensa fifí”.
Aplausos. ¡Raúl, Raúl! ¡Alfredo, Alfredo! ¡Es un honor estar con Obrador! Más aplausos. Luego de casi dos horas y tras haberse concluido los tres discursos previstos, el maestro de ceremonias anunció que se daría paso a la conferencia de prensa.
De nuevo estalló la ira de los periodistas. “Nadie nos dijo de una lista para preguntar”, reclamaban desde el templete. Una sola pregunta. Una sola respuesta. No hubo tiempo para más y de nueva cuenta el caos. Empujones, reproches, silbidos, porras, fotos y más fotos, chacaleo de prensa, sudor, Covid-19…
Después de unos cuarenta minutos, el flujo vino a la baja. Los meseros aprovecharon para comenzar a desmontar todo y la calma comenzaba a llegar. El salón casi ya no tenía vida, a no ser por Estephania Valdés García, quien de nuevo retomó su sesión de saludos y fotografías. ¡Pas, pas, pas! Una tras otra las cámaras se activaban. Fue un día redondo para la candidata a la diputación local del Distrito XXI en Michoacán.










