La  Chikungunyia se la llevó

Imagen: Especial

Nuevo Coróndiro, Michoacán/Humberto Castillo

Desde hacía dos años decía que se quería morir.  No tenía familia directa, ni hijos, ni hermanos.  Solo unos sobrinos en La Huacana, que no quisieron hacer cargo de ella.

Los últimos cinco  años vivíó en la casa de un hijastro, ahí en  Nuevo Coróndiro, municipio de Múgica,   a quien  ella golpeaba de niño, cuando  fue su madrastra oficialmente.

Chela tenía casi  90 años, -ni ella sabía cuántos-,  desde hacía  tres,  estaba postrada  en una cama angosta, cubierta de trapos viejos y con olor a orines rancios. Bajo la cama siempre estaba una cubeta de plástico color verde donde la anciana orinaba.

Se decía “arrimada”, pero lo brava no se le quitaba. “Estas pinches viejas son malas, no me dan de tragar”,  decía a modo de queja a las visitas que llegaban.

Ante la dificultad para caminar debido a la diabetes y problemas reumáticos,  Chela  tenía que usar la cubeta  de plástico para orinar, mismo que arrojaba al piso  a propósito para fastidiar a la esposa de su hijastro.

Por más insistencia  de las mujeres de la casa de que no orinara  junto a la cama a Chela no le importaba.

La cama de chela, estaba en el patio de la casa, frente a un frondoso árbol de zapote, un tamarindo,  el  fogón para hacer tortillas a mano y al fondo del patio se distingue  un corral de chivas, que la jefa  y los chiquillos de la casa pastorean.

Hace un año,  la familia de esa casa, planeó  llevar a Chela a Morelia, al albergue del Cristo Abandonado, debido a que era difícil atenderla por el temperamento de la mujer.  Les recomendaron que era lo mejor para “la vieja”,  en el albergue habría mejor atención que la que ahí recibía. Pero finalmente el traslado no se concretó.

“Ella (Chela)  era gacha y culera  con mi apa,   le ponía unas golpizas cuando él estaba chiquillo”, recordaba  Yolanda, una de las mujeres de la casa, donde vivió Chela los últimos años.

La madre de Yolanda atendía a Chela lo mejor que podía, le daba comida, la bañaba, tiraba los orines del vote, lavaba su ropa y otros quehaceres. Aun así, la viejecita  decía que la mujer de su hijastro era mala y que la tenía a “pan y agua”.

El mes pasado, a fines de agosto, la Chikungunyia atacó a Chela. Fue la primera en enfermarse,  unos días después, toda la familia, los once integrantes la sufrieron.

La anciana no pudo superar la fiebre y los dolores articulares y falleció,  demacrada, con llagas por todos lados.

En Nueva Italia y sus alrededores la Chinconkunyia ha enfermado a cientos de familias completas, y varias ancianas y ancianos como Chela, murieron, entre ellos el líder honorario de la CTM en ese municipio de Múgica,  Enrique Tapia, quien también padecía diabetes y presión arterial.

En el Centro de Salud de Nueva Italia, cabecera municipal, hace todavía dos semanas se atendían hasta 200 personas por día, actualmente el promedio de personas que acuden son entre 50 y 60.

Ni siquiera los médicos del Hospital Integral de Nueva Italia, se han salvado del padecimiento, varios de ellos también enfermaron de la famosa enfermedad.

Algunos vecinos de Chela,  piensan que lo mejor que le pudo pasar a Chela, es la Chinconkunyia.