Morelia, Mich.| acueductoonline.- Antes de la pandemia, el conflicto, la pobreza, la desnutrición y el cambio climático ya estaban provocando un drástico aumento en el número de niños que necesitaban asistencia.
La COVID-19 está empeorando aún más la situación. Sin embargo, aunque podamos sentirnos abrumados por esta realidad, también hay motivos para tener esperanza.
En noviembre de 2020, se estimaba que otros 6 o 7 millones de niños menores de cinco años podrían haber sufrido emaciación o malnutrición aguda en lo que iba de año: un aumento del 14% que podría traducirse en más de 10.000 muertes infantiles más al mes, sobre todo en África Subsahariana y Asia Meridional. Además, la disminución del 40% en los servicios de nutrición dirigidos a mujeres y niños podría empeorar otros resultados relacionados con la alimentación.
Alrededor de 3.000 millones de personas del mundo carecen de instalaciones básicas para lavarse las manos con agua y jabón en su hogar.
En los países menos desarrollados, tres cuartas partes de las personas y más de dos terceras partes de las escuelas no cuentan con los servicios básicos de higiene necesarios para reducir la transmisión de la COVID-19. Como promedio, más de 700 niños menores de cinco años mueren cada día de enfermedades provocadas por la falta de agua, saneamiento e higiene.
A lo largo de la crisis, UNICEF ha trabajado con sus aliados en la tarea de llegar a cada niño y cada familia para proporcionarles servicios vitales de salud; nutrición; educación; agua, saneamiento e higiene (WASH); así como protección social y contra la violencia por razón de género.
Con lo anterior, la UNICEF confía en que se pueda revertir las cifras y el apoyo humanitario llegue a todos los países del mundo. Sin duda, una labor titánica.





