Acueducto | Magda García Mata
Abrir los ojos en mitad de la madrugada, conozco la rutina; giro de un lado a otro, golpeo la almohada, acomodo las sabanas, un vistazo al móvil, nada nuevo, todos duermen.
Mis pensamientos divagan, ellos no descansan, golpean en mi cabeza como los protestantes a la puerta un Domingo por la mañana.
Faltan Cuatro horas para que suene la alarma.
Salgo de la cama, enciendo la luz que me cierra los ojos de golpe. A noche, al salir de la ducha he dejado restos de agua en el piso del baño, siento las gotas mojarme los pies mientras orino, como lo detesto.
Abro la nevera, un buen trago de Coca cola sin gas.
Cuanto ruido, creo que el gato del vecino está husmeando de nuevo en la basura.
Apago las luces, sacudo mis pies y regreso a la cama; giro de un lado a otro, golpeo la almohada, acomodo las sabanas, un vistazo al móvil, nada nuevo, todos duermen.






