Michoacán, el consuelo de los anticastillistas

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Acueducto | Samuel Ponce Morales

En la lucha contra el crimen organizado, en especial contra el cartel de Los Caballeros Templarios, entonces encabezado por Servando Gómez «La Tuta», el paso por territorio michoacano de Alfredo Castillo Cervantes, el llamado «Virrey», como comisionado federal, fue atrabancado, autoritario y un casi terso violador del estado de derecho, dejando una estela de sentimientos en contra, al menos mayoritariamente.

Sin embargo, el que una vez combatiera la inseguridad en el estado, sobre todo en la región de Tierra Caliente primero para reforzar las acciones de las autodefensas y luego para burdamente atomizarlas, hasta el momento no tiene a la vista ninguna denuncia en contra de los que se sintieron víctimas de sus acciones.

Y las denuncias que podría tener serán jurídicamente débiles, porque la sus decisiones fueron perversamente políticas. Por eso, cuando la Función Pública lo inhabilita a cargos públicos por irregularidades en sus declaraciones patrimoniales cuando estuvo en la Comisión Nacional del Deporte (CONADE), los agraviados michoacanos hacen fiesta, con sombrero ajeno.