“En la panadería, ¡se aprende porque se aprende!”

Imagen: Xana Zamudio

Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Tenía como 8 o 9 años cuando pasaba por las panaderías y yo decía que ahí hacían magia porque una bolita de masa se hacía bien grande. Veía como metían el pan al horno y luego ya salía de otro color”, cuenta para Acueducto Online Javier Martínez, un panadero de la capital michoacana. 

En vísperas de la llegada de los Reyes Magos, don Javier prepara la tradicional rosca de reyes al lado de su hijo en la panadería “Sabor de Ángel”, negocio que fuera la consolidación de un emprendimiento familiar que iniciara con la venta de pan en la calle a su llegada a Morelia. 

“Tenemos 4 años vendiendo roscas aquí y 12 años en el barrio del Porvenir (la colonia). Cuando yo llegué en 2005 de Mexicali, empezamos con poquito, vendiendo donas en la calle”.  

“Al principio, duré tres años de cocinero, pero pagaban muy poco, así que en las mañanas vendía donas y por la tarde me iba a chambear”, comenta de su ir y venir en el oficio de la panadería, pues desde muy pequeño, aprendió de los grandes de su barrio en Neza en la época de los ochenta cuando no le quedó otra opción más que aprender y trabajar. 

“Tenía doce años cuando me corrieron de la casa. Yo no tenía donde quedarme y me fui a una panadería y luego a otra y otra. Conforme iba aprendiendo me iba yendo cada vez más lejos de la casa”, recuerda.  

“La vida me aventó a aprender, yo de mis ganas, me hubiera quedado en mi casa. Porque en el ambiente de la panadería, ¡aprendes o aprendes!, porque en aquel tiempo estaba muy penado que uno no tenía que estar de flojo. Entonces, nos traían en friega”. 

Con panaderos de la época de Pedro Infante, comenta, haber aprendido de los grandes. Es por eso que ahora, procura mantener la calidad del pan que ofrece a las familias morelianas, entre las que se encuentra la tradicional rosa de reyes que comenzó a preparar desde hace dos días junto con su segundo hijo. 

Son alrededor de 500 piezas las que prevé vender en esta temporada, pues, pese a la pandemia, asegura, el negocio va viento en popa, aunque las fiestas decembrinas, casi siempre lleguen tarde para él y su familia. 

“Nosotros, por lo regular, en Navidad, Año Nuevo y Día de Reyes no disfrutamos la temporada sino hasta después. La cena de Noche Buena y Año Nuevo es lo que comemos al otro día porque hay demasiado trabajo. No hay tiempo, pero eso sí, nos encanta hacer pan…”