Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Un día antes, me tomó de la mano, me dijo que sentía una experiencia muy rara en él. Fue su manera de despedirse; apretarme mi mano un rato”, dijo María Guadalupe Esquivel, esposa del fotógrafo y torero, Marco Antonio Tovar.
En una entrevista exclusiva para Acueducto Online, la señora María compartió su corazón en el homenaje a su esposo desde la plaza Monumental del Morelia, luego de dos días de la partida del torero.
“Lo conocí en el paraíso, trabajaba yo ahí, era el restaurante que estaba frente a catedral. Él una persona muy respetuosa y me llamó mucho la atención. Nos empezamos a tratar, salimos y nos enamoramos”.
Bajo el cubrebocas que protege la mitad de su rostro y su cabello blanco, sostuvo la pequeña caja de madera, donde yacen las cenizas de su esposo, y caminó en compañía de sus familiares y amigos la última vuelta sobre el ruedo de la Monumental, lugar donde compartió, toreó y fotografió Marco Antonio.
Por su parte, Ruth Tovar, hermana del fotógrafo, recordó el inició de su hermano en la toreada, “yo creo que tenía como 16 años, o menos. ¡Uy! Mi madre se angustiaba cuando él iba a torear”.
“Ya con los años, recuerdo en una ocasión que fueron a la antigua feria con mis hijos, y yo no me di cuenta, hasta que me dice el carnicero, -mira Ruth, la cabeza del novillo que toreó tu hijo. ¡Ya me infartaba!”
Fueron 48 años y medio y 5 hijos los que la señora María compartió a su lado. Tiempo que agradece por la paciencia y cariño del torero, a quien, hasta el día de hoy, ama y admira, aunque confiesa que los oficios de su esposo, le fueron complicados de sobrellevar en algunos momentos de su historia.
“Fue un poco difícil, confieso que yo tuve que ver mucho en que se retirará él, porque era mucha vagancia. Yo nunca fui tan buena persona como él. Fue muy honroso, respetuoso, siempre nos mostró ser una persona muy noble, siempre digno de respeto para todo mundo, no sólo para nosotros. Fue un gran hombre”.
Hasta los últimos días, comentó, Marco Antonio se mantuvo sereno, pese a los días difíciles de enfermedad, hasta que perdió el habla por completo. Sin embargo, no fue impedimento para que su familia lo siguiera sintiendo.
“Desde que estuvo en cama mostró una paz, una tranquilidad increíble. Jamás se desesperó, jamás reclamó, jamás nada. Con esa misma paz con la que estuvo todo este tiempo, así se fue”.





