“Solo esperábamos la voluntad de Dios”

Xana Zamudio


Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- El campesino Javier Calderón, hace apenas 8 meses que tuvo que vender sus animalitos, como cariñosamente los llama, debido al repentino robo consecutivo de sus vacas y becerros. Ahora, a sus 75 años de edad, la vida pasa lenta y una nostalgia por el campo lo asalta todas las mañanas.


Con sombrero y camisa de cuadros, don Javier se apoya en un bastón para caminar entre la terracería del “Cerrito” en Cuto de la Esperanza, lugar donde ha vivido toda su vida. Ahí aprendió a trabajar el campo, entre los cultivos de maíz.


“Ahorita ya no siembro. Uno ya no puede. Pero antes nos dedicábamos al campo y a criar animales. Ahorita ni las tierras se trabajan ya porque el abono y los tractores están muy caros. En pocas palabras, sale muy caro ya sembrar”.


Aunque confiesa que nunca tuvo la oportunidad de trabajar sus propias tierras, siempre fue gustoso a la jornada pese a la falta de agua que años atrás sufrió el lugar.


“Cuto antes estaba triste, no tenía ni agua ni nada. La presa que teníamos la destinábamos exclusivamente para tomar. Y para las cosechas, así nomas estábamos, esperando la voluntad de Dios”, relata.


La localidad, ahora cuenta con varios pozos de agua para el consumo de las familias, cosechas y animales, mismos que el campesino disfrutó hace apenas unos meses, cuando aún recorría las brechas con su último ganado.


“Hace 8 meses que me estaban robando a mis animalitos. Mejor los vendí y aquí ahorita ando nomás de flojo”, comenta nostálgico, pues las andadas por el campo, al lado de sus animalitos, lo ponían feliz.

“Hasta la fecha no puedo acostumbrarme. Desde que los vendí, no me siento contento, me siento tullido en una palabra”.


“Estaba acostumbrado a levantarme a las 6 de la mañana. Me levantaba encantado de la vida y me los llevaba pal potrero. Llegaba y almorzaba muy contento. Ahora, nomas se llega esa hora y pelo los ojos pa’ arriba de la casa, pensando nomas. Hasta el hambre se le va a uno…”


Al día de hoy, don Javier vive con su esposa. Apenas le visita su hija desde Guanajuato, mientras sus otros tres hijos, hace más de 20 años que partieron hacía los Estados Unidos en búsqueda de una vida mejor, dejando los campos amados de su padre en Cuto de la Esperanza.