Morelia Mich. | Xana Zamudio.- La joven Abigail vive por primera vez la dura experiencia de tener a su padre privado de la libertad, a quien no ha podido ver desde el día de su detención debido a los protocolos por coronavirus. Hoy, exige la inmediata reactivación de visitas al Centro de Readaptación Social “David Franco Rodríguez”, en Mil Cumbres.
Con una colorida cabellera azulada, Abigail se sumó a la demanda de más de 30 personas, en su mayoría mujeres, que exigieron desde las puertas del penal, se retomen las visitas, pues ya son más de 9 meses que, aseguran, no han visto a sus familiares.

“A él lo detuvieron desde el 03 de noviembre sobre la avenida Nocupétaro”, dice de su padre quien hace más de 30 años se dedica al oficio de la tapicería en un negocio ubicado en la misma calle.
“Tuvo una riña vecinal en la “Obrera” (colonia) con el sobrino de una licenciada y, luego, lo acusaron injustamente de intento de homicidio”, aseguró la joven preocupada por la integridad física y moral del detenido, pues, dijo, la detención se ejecutó de manera agresiva, suscitándose algunos golpes, sin tener la oportunidad de, posteriormente, conocer sobre su bienestar.

“Estoy preocupada por él. En su momento, no nos han dejado ver en qué condiciones estaba”, comentó. Aunque la comunicación se ha mantenido vía telefónica, Abigail confiesa ser insuficiente y costoso, ya que el negocio de su padre tuvo que ser cerrado y los ingresos familiares han disminuido por la situación.
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“Apenas tenemos para sustentarnos porque se le debe traer dinero para que sobreviva. Una cucharada de sopa o huevo que les dan en una sola porción no es suficiente, necesita dinero.”

Al día de hoy, son más de mil 988 personas privadas de la libertad los que se encuentran sin poder ver sus familiares de manera presencial en el Cereso conocido como “Mil Cumbres”, teniendo como única opción la realización de videollamadas que les permite hasta 10 minutos de interacción.
“Yo les pido a las autoridades que seamos más humanos, que nos los dejen ver, aunque sea una vez por semana y, aunque sea media hora. Mi papá nos necesita, somos yo y su pareja lo que más quiere en este mundo”.





