Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- La señora Adelita de Ihuatzio, Michoacán, aprovechó su visita a la capital para visitar el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Y aunque el cierre de la iglesia la tomó por sorpresa, quiso ofrendar un par de plegarias por su salud y la de su pequeño nieto, pues comparten el mismo padecimiento: deficiencia visual.

En compañía de su familia, Adelita arribó por la plaza Morelos de entre las vallas que cercan parte del lugar. Su yerno fue el primero en postrarse frente a la imagen de la Virgen de Guadalupe que yace justo arriba de la entrada principal del templo. En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo, se persigno. Acto seguido, indicó a su hijo cómo hacerlo correctamente.
Entre la inocencia característica de un niño de no más de 7 años, el pequeño siguió el ejemplo. “Intenta no tallarte los ojos”, dijo su padre, quien después unió sus manos, agachó el rostro e inauguró su rezo.

“Si tú le pides con fe lo que tú quieres, ella te lo va a conceder”, dijo doña Adelita a sus dos nietos, que, para ese entonces, ya se encontraban curioseando sobre el motivo de su parada, luego de acudir a una cita con el oftalmólogo.
“Antes, cuando no había pandemia, aquí había mucha gente en un día como hoy”, les contó, mientras sacaba entre su bolsa su cartera, donde lleva siempre consigo las imágenes de la Virgen del Carmen, el Sagrado Corazón de Jesús y la Virgen de Guadalupe.

Miró hacia la imagen de la morenita de México con ayuda de sus lentes de graduación pronunciada y dijo, “yo pongo mi fe en ella en que nos socorrerá. Hace algunos años que estoy perdiendo la vista y, ahora, también mi nieto…”





