Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- Se cuenta que cuando los cristianos llegaron al norte de Europa, observaron que los celtas celebraban el 8 de diciembre nacimiento de Frey, dios del Sol y fertilidad, colocando adornos de un árbol perenne, ya que éste simbolizaba al Universo.
También se dice que una vez que estos pueblos fueron evangelizados, se tomó la tradición para simbolizar el nacimiento de Cristo, cambiando el árbol perenne por un pino.
Es así como miles de familias en todo el mundo, colocan desde entonces el llamado árbol de Navidad al acercarse la época decembrina, que celebra la llegada al mundo del Niño Jesús.

Para Cirilo Reyes, un productor y vendedor de plantas, diciembre es la época en que recoleta el fruto de su trabajo de todo el año desde el estado de Puebla para luego trasladarse, en compañía de otros productores, a la ciudad de Morelia, donde oferta tres tipos de árboles navideños para las familias.
Cedro azul, Tulia y Pino Planchado son los arbolitos que coloca en la esquina del Mercado Independencia de la ciudad de Morelia, en la jornada navideña.
“Traemos esas tres variedades, pero el favorito de la gente es el pino planchado, es el que huele más a pino”, dice detrás de los arbolitos que miden entre uno y dos metros.

Se cuenta que el significado del árbol de Navidad es que representa al Paraíso, de donde Adán y Eva comieron los frutos, dando origen al pecado original. Además, también sirve para recordar que Jesús vino a la Tierra para conseguir la reconciliación.
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Su forma triangular es representación de la Santísima trinidad y sus colores simbolizan las diferentes oraciones del adviento. El azul la reconciliación, plata el agradecimiento, oro la alabanza y el verde la abundancia y naturaleza.
“Uno se tiene que aguantar mucho tiempo para obtener un árbol de un metro o metro y medio, hasta más de tres años andamos esperando. Para un árbol de 2 metros, son como 8 años”.

Son casi tres décadas arribando a Morelia para la venta, por lo que se siente como en casa, aunque confiesa que muchas veces la gente se resiste a pagar precios justos por lo que, si su estadía se complica en el pago de renta, comidas y flete, que requieren su estancia en la ciudad, se regresa a casa.
“Mis padres, desde que yo era chiquito, me enseñaron a trabajar. Así empecé y ya son 30 años que sigo viniendo a Morelia. Y si lo quiere Dios, seguiré viniendo…”





