Analista | Hugo Rangel Vargas
Se llegó el momento de las definiciones y sin resquemor alguno PAN, PRI y PRD han decidido ir juntos de cara al proceso electoral del año próximo en la entidad. A nadie extraña está determinación. Desde la construcción del Pacto por México, lo que hoy queda de esos partidos y que está representado en sus dirigencias, estuvieron al frente de esa negociación que terminó desdibujandolos.
El ala anayista del PAN, representada en Michoacán por las huestes de Mario Cortés; las facciones del mermado priismo michoacano ya sin los reynistas ni los faustistas y la atropellada corporación perredista que encabeza Aureoles Conejo en el estado; al parecer desde hace tiempo se han sentido cómodos dialogando y tejiendo acuerdos en las cúpulas. Hoy esas encerronas, muchas de ellas estimuladas desde casa de gobierno, han derivado en el llamado Equipo por Michoacán.
¿Qué ofrecerá esta coalición a los michoacanos como programa político? ¿En su interior, el PAN y el PRD podrán ponerse de acuerdo en temas como los derechos de las minorías? ¿Cuál será la cara con la que estos tres partidos se presentarán ante la ciudadanía para pedir el voto? ¿Ese candidato inmaculado será suficiente para que se olvide el desastre que dejó el PRI en la entidad durante el desgobierno compartido de Vallejo, Reyna, Jara, Castillo y anexos? ¿Les alcanzará la retórica para que superemos los magros resultados y las promesas incumplidas de Aureoles Conejo como gobernador?
Todas esas dudas se funden en dos preguntas básicas ¿El estímulo de esta alianza, impensable hace algunos años, es la simple suma para derrotar a MORENA? ¿La alternativa frente a este partido es la simple y llama negación del mismo? Si esto es así, la oferta política de la alianza comentada será muy pobre y estará inundada de lugares comunes y de eufemismos que escondan la simple y vulgar ambición por el poder. Pero más allá de ello, la crisis de la entidad es tan profunda que una agenda así, sería muy poco convincente.
La ventaja de MORENA en Michoacán, según algunas encuestas, parece tan cómoda que ni la suma aritmética de la intención de voto de estos tres partidos sería suficiente para alcanzarle. Pese a ello, la fragilidad o fortaleza de su superioridad depende de múltiples factores, entre ellos el procesamiento político de la designación del candidato, la construcción de alianzas no solamente en el terreno electoral sino también en el plano de lo social, así como de la conformación de una plataforma política y una narrativa atractiva a múltiples sectores de la ciudadanía; esto último, claramente ausente en la hoguera de las vanidades de casi todos los protocandidatos morenistas.





