Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- La muerte cobra vida entre las calles empedradas de la tenencia de Capula, justo a la altura del kilómetro 22, saliendo de la ciudad de Morelia.
Una monumental catrina, de sombrero ancho y lúgubre sonrisa, alienta la bienvenida de los visitantes, aunque ahora no tantos, dicen los alfareros de la calle principal, que cada año reciben a la Feria de la Catrina en la celebración del Día de Muertos.
Las mesitas llenas de esos esqueletos elegantes que preparan los alfareros desde meses antes y los murales de colores que visten las calles, no serán testigos de esa fiesta que, año con año, desfila entre mujeres catrinas y turistas llenos de asombro capturando selfies calavericas.
No, no habrá fiesta oficial de la Noche de Muertos, pero la tradición que brota desde las manos alfareras del pueblo no han dejado de imaginar, crear y confiar en el fin de la pandemia, que han llenado sus bodegas de piezas destinada a las ferias canceladas por el covid-19.
No, no habrá fiesta, pero en Capula la muerte vive, lo gritan sus calles, sus colores y sus catrinas asomándose desde las puertas y los patios, los mercados y la gente…





