En honor a Mictlantecuhtli

Imagen: Xana Zamudio

Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- Las hay de azúcar, tamarindo, chocolate, amaranto, cacahuates, lunetas y hasta de gomitas. Las calaveritas tradicionales son un elemento que no puede faltar en las ofrendas de los fieles difuntos de la Noche de Muertos en las familias mexicanas.

Con una procedencia no confirmada por los historiadores a ciencia cierta, pero muy polémica, se cuenta que, en la época prehispánica, el Tzompantli, una especie de altar prehispánico, estaba compuesto de cráneos ensartados por medio de orificios obtenidos de cuerpos de los caídos en las guerras, muchos de ellos españoles.

Imagen: Xana Zamudio

Estos cráneos se dedicaban a Mictlatecuhtli, el dios náhuatl del inframundo, como una ofrenda para asegurar la transición del alma de aquellas personas otros niveles.

Con la llegada de los españoles e imposición de culturas, los pueblos indígenas, a manera de conservar la tradición, optaron por la fabricación de cráneos de barro o labrados en piedra, así como con semillas de amaranto y miel de maguey.

Con el correr del tiempo y la fusión de costumbres, los conventos comenzaron con la elaboración de las calaveritas en pasta de alfeñique y azúcar.

Por lo que poco a poco, familias enteras de artesanos mexicanos, especialmente en Michoacán, México y Oaxaca, han dedicado su arte al quehacer de la tradicional calaverita de azúcar, que se ofertan exclusivamente semanas antes de Día de Muertos para que las ofrendas de los fieles difuntos luzcan llenas de color y tradición.

Es por ello que, esta artesanía hace de la Noche de Muertos, todo un arte del morir.

Y tú, ¿Ya tienes tu calaverita?

Imagen: Xana Zamudio