La guerra por los privilegios

Especial


Acueducto | Hugo Rangel Vargas


Morelia.,Mich.,.-Acueducto.-«En el terreno de la Economía Política, la investigación científica libre se encuentra con más enemigos que en todos los demás campos. La particular naturaleza del material de que se ocupa levanta contra ella y lleva al campo de batalla las pasiones más violentas, más mezquinas y más odiosas que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado.» Así describiría Marx, en el prólogo a la primera edición de El Capital a una buena parte, sino es que, a la totalidad de las motivaciones que se encontrarían detrás de los ataques a sus tesis.


En efecto, en el capitalismo la lucha por la ganancia es descarnizada y ha sido en el moderno neoliberalismo en donde las pasiones que desata han llevado a países enteros a la quiebra, a poblaciones completas a padecer miseria y a vastos ecosistemas al borde de la extinción. En México, el capitalismo se tropicalizó adquiriendo la forma clientelar del capitalismo de cuates, permitiendo la emergencia de grandes fortunas y de nuevos ricos, siempre bajo el amparo del poder público y de un esquema de corruptelas que era estimulado por la impunidad y la laxitud del llamado «estado de derecho».


Gracias al remate indiscriminado de empresas paraestatales, la oligarquía capitalista nacional sufrió una reconfiguración profunda durante la era neoliberal. Así, emergieron hombres inmensamente ricos como Carlos Slim quién se adjudicó Telmex, Roberto Hernández y Alfredo Harp Helú quienes adquirieron Banamex, Ricardo Salinas Pliego que se hizo de Televisión Azteca, German Larrea beneficiario de grandes concesiones mineras a través de Grupo México y Alberto Bailléres otro gran recipiendario de fundos mineros en la era neoliberal; tan sólo por mencionar algunos.
La contraprestación que recibió la clase política que dilapidó el patrimonio nacional fueron décadas de impunidad y complicidad, así como un esquema de privilegios que llevaron a la quiebra moral al sistema democrático y a las instituciones del país. La corrupción de políticos y empresarios reprodujo el saqueo de recursos públicos a través de sofisticados mecanismos que tenían nombres políticamente correctos y adornados de tecnicismos.


Para nadie es ajeno, que la carrera del ahora presidente Andrés Manuel López Obrador se forjó con una narrativa opositora a este régimen. Su oferta política se centró en prometer su cancelación y la emergencia de un nuevo sistema que volviera a colocar a la población como centro de las preocupaciones del sistema político: separar la política de la economía, fue la promesa de su campaña electoral.


Pero el trayecto de estos dos años de virajes no ha sido fácil para el nuevo gobierno. La cancelación del nuevo aeropuerto de Texcoco, fuente de jugosos negocios para un puñado de empresarios; la eliminación de la facultad presidencial de condonar impuestos y los litigios emprendidos por el SAT para recuperar recursos fiscales de grandes consorcios; la supresión, por la vía de los hechos, del llamado ramo 23 que permitía a legisladores asignar ilegalmente recursos a discreción a obras adjudicadas a amigos y compadres; han sido el preludio de decisiones más importantes que sigue tomando el gobierno de López Obrador.


La reciente cancelación de 109 fideicomisos -mecanismo acuñado en la iniciativa privada e inexplicablemente reciclado por la tecnocracia para el sector público- ha cerrado la llave de la corrupción y de malos manejos de fondos gubernamentales. Tan sólo el FONDEN -dogmáticamente intocable por su destino “políticamente correcto”- tenia pasivos por que superaban más de tres veces sus recursos y acumulaba historias de desvíos, como los que se observaron durante los sismos de 2017.


La ira de los defensores de privilegios está desatada y hará uso de cualquier herramienta para buscar negociar la sobrevivencia de los mismos. Veremos de que está hecha la voluntad de la 4T que sea propuesto suprimirlos.