Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “¡Juchári Uinápekua ¡” (nuestra fuerza), alzaron en voz conjunta mujeres y hombres con indumentarias tradicionales, representantes de la educación indígena en Michoacán.
Con sus cuatro colores; morado, azul, amarillo y verde y al centro el dios Curicaueri, la bandera purépecha, símbolo de unificación y resistencia, se postró sobre el monumento al Fray Francisco Antonio de San Miguel Iglesia Cajiga, llamado también “Los constructores”, ubicado sobre avenida Acueducto.

Bajo el sol pasado el medio día, cuatro hombres salieron del mitin en el que caminaban junto varios profesores y profesoras, para, en un esfuerzo fallido, retirar la obra que se ha polemizado en los últimos meses por presumir connotaciones esclavistas.
“Gente mal pagada para estructurar lo que hoy Morelia llama Patrimonio Cultural”, fueron las palabras de uno de ellos, mientras el resto se iba retirando de la obra con resignación.
“A nosotros no nos compete quitar estos monumentos que no significan nada para nosotros, le compete al Gobierno de l Estado y al Gobierno Municipal”, puntualizó.
Y, aunque los espectadores que circulaban a la redonda e integrantes de la prensa, ya preparaban sus móviles para presenciar lo que ya estaba anunciado, “si no lo retiran, lo haremos nosotros”, habían advertido mediante una carta, representantes del Consejo Supremo Indígena.

A la par, Cardiela Amezcua, Secretaria de Cultura, informó que, finalmente, y debido a las peticiones, se generaría una metodología para la consulta ciudadana hacia los primeros días de noviembre. Dijo, además, que se obtuvo el del Consejo el compromiso de no afectar la obra.






