La lucha se escucha

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Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- “Los sordos piensan, y lo hacen socialmente a través de las proposiciones de su idioma, construyen enunciados de distintos tipos y se comunican tan misteriosamente como lo hacen los oyentes, si bien no articulan sus enunciados con los órganos articulatorios vocales, ni los perciben con los oídos. Hablan con las manos y con el cuerpo, escuchan con la vista”, Boris Frinman Mintz.

La comunidad de sordos ha sido considerada por mucho tiempo, un grupo minoritario de atención de los gobiernos, no sólo en México, sino alrededor del mundo, pues su lucha por tener un lugar en la sociedad que reconozca sus derechos como cualquier otro ciudadano, como el acceso a la salud y la educación, sigue presente.

En datos de 2017, son 95 mil 183 los integrantes del hogar de 3 años y más, quienes viven con discapacidad auditiva en el país, 5 millones 630 mil 806 los que presentan alguna dificultad y 1 millón 501 mil 470 tienen mucha dificultad para oír, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Aunque la Ley General para la Inclusión de la Personas con Discapacidad reconoce a la Lengua de Señas Mexicana como lengua nacional, las políticas públicas y los avances efectuados no han sido suficientes, pues aún falta inclusión para esta comunidad, además del fomento de la lengua de señas.

Es el caso de algunas áreas del servicio de salud que no cuentan con la preparación para atender, diagnosticar y realizar un expediente de manera eficaz a las personas sordas, pues no cuentan con una preparación que les permita una comunicación eficaz con las y los pacientes.

Al respecto, Gustavo Jacobo, cirujano dentista de la ciudad de Morelia, nos comparte algunas razones por las que las personas con esta discapacidad, deciden no acudir a una revisión cuando estas presentan algún malestar.

“Mediante un análisis, se determinó que la mayoría de los pacientes sordos, no acuden a atención odontológica por dos razones; su primer interprete es un familiar, cuando este no tiene tiempo de acompañarlo, el sordo ya no tiene a alguien que establezca la comunicación entre el profesional de la odontología y las necesidades que este tiene”.

Continúa, “segundo lugar, cuando el sordo adolece, él tiene que pagar por un intérprete. Y son algo costosos, y, a veces, no es suficiente para sufragar esa cuestión”.

Por su parte, la cirujana dentista, Yuliana Rubí Chacón, comenta, “no hay como que el mismo paciente nos esté refiriendo sus antecedentes, su sintomatología, que él sepa lo que le va a hacer y que esté de acuerdo, no que sea otra persona, la que le informe lo que le proponemos para su consulta o para su atención odontológica”.

Es por ello que, debido a las problemáticas detectadas en el área, los dos odontólogos junto con seis compañeros, integrantes del doctorado es Ciencias de la Educación de la Universidad Contemporánea de las Américas (UCLA) en la capital michoacana, y un colaborador, han decidido tomar cartas en el asunto, y enfocar su estudio en la capacitación de la lengua de señas de los futuros odontólogos.