Acueducto| Hugo Rangel Vargas
Se trata de un movimiento que apenas aparece en público pero que su gestación se ha dado a lo largo de años. Las agrupaciones de ultraderecha que hoy asoman sus garras detrás del hilarante movimiento denominado FRENAAA, tienen sus orígenes en luchas que van desde el populismo de derecha, las banderas ultraradicales de cierto sector de la clase empresarial, pasando por posiciones católicas ultraconservadoras que han encontrado en el sinarquismo y en el yunque expresiones organizativas con las que pretenden instalar su agenda como hegemónica.
La desarticuladas banderas de este minúsculo movimiento apenas balbucean consignas de antagonismo y se han centrado en exigir la salida del presidente López Obrador sin ofrecer ningún planteamiento más elaborado de a dónde debe dirigirse el país, si es que ellos consiguen su objetivo de derrocar al gobierno del tabasqueño.
Su narrativa entremezcla el discurso anticomunista de la guerra fría, atreviéndose a solicitar la intervención de los Estados Unidos para salvar al país de esa catástrofe; invocan en rezos a los santos más venerados por la fé católica y vuelven a los lugares comunes que anatemizan a movimientos como el feminista o el de la diversidad sexual.
El discurso radical de FRENAAA pretende capitalizar lo que, desde su propia narrativa, ha sido la «polarización del país» que ha traído consigo la agenda de la 4T. Sin embargo, a diferencia de la propuesta lopezobradorista que forjó una base social sustentada en la creciente desigualdad económica objetiva; el discurso polarizante de FRENAAA pretende crear en la percepción ciudadana una amenaza subjetiva, forjada al calor de la máxima goebbeliana de que repetir insistentemente una mentira la lleva a convertirse en verdad: la amenaza del comunismo y la anarquía.
El radicalismo de este grupo, hasta el momento minoritario y virulento, ha tenido eco en otras expresiones de personajes reconocidos en la opinión pública quienes han llevado sus manifestaciones de odio al exceso de proponer quemar vivos a los seguidores del presidente López Obrador.
Las luchas encarnizadas que forjaron a la Patria en los otros tres momentos decisivos de su historia, mismos que la retórica lopezobradorista ha denominado como «transformaciones», han dejado huellas marcadas con sangre y con confrontaciones que difícilmente sanaron. Pretender llevar al país a la aventura de la oposición por consigna y sin alternativas democráticas enfrente, luce más como una aventura estimulada a trasmano de quién agita esa bandera.
La oposición real a la 4T no está en FRENAAA. Ahí se han agolpado unos cuantos voceros radicales de otras agrupaciones e intereses cuyos verdaderos representantes son impresentables ante la opinión ciudadana. Sus esfuerzos, de consolidarse como una verdadera punta de lanza opositora, tendrán que cargar con los fantasmas de las historias personales y hasta familiares de sus dirigentes. Esta es, pues, la oposición que cualquiera desearía tener enfrente.





