“Un poquito aprender, un poquito jugar”

Imagen: Xana Zamudio

Morelia, Mich. | Xana Zamudio.- Hiseri es una pequeña de apenas 7 años y dice estar lista para el nuevo ciclo escolar de segundo año de primaria, aunque el futuro pinte incierto entre los nuevos métodos virtuales y las posibilidades de su madre invidente para el apoyo en las tareas. 

De palabras cortas y tímidas, se acompaña de su hermano Henry, de sólo dos años mayor, quien guía a su madre cuando ésta sale a las calles de la comunidad de Cañada del Herrero, en Tarímbaro, lugar donde habitan con su padre, dedicado a la recolección de basura. 

Para los dos pequeños, la asistencia a la escuela representa no sólo la oportunidad de aprender, sino de convivencia con otros niños y niñas de la comunidad, pues, debido a las condiciones de ceguera de su madre, son pocas las veces que se les ve jugando fuera del hogar. 

“Ellos de la casa no salen, y las clases les sirves como distracción, un poquito que aprenden y un poquito que se vienen a jugar con los demás chiquillos”, dice Mari, su mamá. 

Hiseri, apenas conoce las letras del abecedario, un año truncado por la pandemia de covid-19, la dejó sin la posibilidad de seguir aprendiendo dentro de las aulas, con un maestro al frente. 

“Mis hijos están bien atrasados por lo mismo. Ésta como que tiene un capricho bien feo, yo le digo que le eche ganas, al fin y al cabo, yo ya estoy vieja, el día menos pensado me voy y ella es la que va a ir pa’ arriba, ella es la que va a necesitar el estudio. Yo consejo les doy por un lado y por otro. Y no lo quieren entender”.

“A mí me gusta dibujar”, comenta la pequeña, mientras sostiene una caja de colores incompleta y un par de hojas blancas. “Esta soy yo, mi mamá, mi hermano y papá y aquí con todo mi amor”. 

Henry, se mantiene callado y juguetón con su muñeco inflable, al tanto que escucha que su madre los mandará a él y su hermana con la profesora de Tarímbaro o la muchacha de la esquina de la cuadra o la tía, para que éstas puedan ayudar con las tareas. 

“El día domingo los llevo una hora ahí a Tarímbaro con la maestra Gloria. Aquí mi hermana me está ayudando a que la niña haga la letra más bien y salir poquito pa’ delante. También me va a tocar llevarlos con una muchacha de ahí arribita, ella me ofreció ayuda”, dice con lágrimas en los ojos que sólo distinguen el día de la noche.

Imagen: Xana Zamudio

“Yo no tengo televisión, tengo una cabrona de las de más antes, nomas agarra el puro dos de México, que es el 10, y a veces la ‘weya’ ni se quiere mirar. Yo a veces ando con el puro radio pa’ saber la hora, porque no puedo el reloj o el teléfono”.

Vendiendo chachara, haciendo labores domésticas, doña Mari dice no descuidar el aprendizaje de sus hijos y seguir al pie del cañón, pese a todo.  

“Yo con la voluntad de Dios todavía hago hasta tortillas, así como estoy. Así que me las tendré que arreglar, porque ellos son como una plantita, si les metes su abono, su tierra, su agua, la plantita va pa’ arriba bonita…”