Coahuayana, Mich./Xana Zamudio.- Apenas amanecía en la costa michoacana cuando el rugir del mar hizo eco, la caravana de la búsqueda de personas desaparecidas que, esta vez se reunió en la playa de Ticuiz con pico y pala.
Entre las grandes palmas que acompañan los senderos al costado de mar abierto, los buscadores se adentraron hasta llegar al sitio correcto, previamente determinado por el El Colectivo «¿Dónde están los desaparecidos?» A.C
Resguardados por elementos de La Marina y Fiscalía General del Estado de Michoacán, se realizaron las actividades de protocolo, antes de lanzarse a cavar sobre la tierra. Práctica de detección de metales, determinación de lugares sospechosos, binomios olfateando a diestra y siniestra, dieron paso al ejercicio más esperado; cavar y cavar.
Fue después del medio día que el calor enardeció el trabajo de los primeros 30 centímetros tierra abajo, mientras relevos de pequeños grupos de familias y colaboradores de la Comisión Nacional de Búsqueda eran coordinados por la FGE para el avance de la búsqueda.
Restos de carbón dieron los primeros indicios de lo que ya se sospechaba. Fue que la esperanza y el sudor mezclados de la tarde, hombres y mujeres empeñaron sus fuerzas para ir más abajo.
El resto de lo que, al parecer, fue un dedo humano, brotó entre la tierra. «Todos atrás de las cintas amarillas» ordenó la Fiscalía.
Pasó alrededor de una hora para determinar el siguiente paso; seguir cavando bajo sus propios protocolos que incluía trajes especiales de peritaje y la participación de sólo un familiar de las personas desaparecidas, mismos que se turnaron conforme avanzó el resto de la tarde.
Antes que cayera el sol, se supo que el trabajo topo debía continuar al día siguiente. Las familias se abrieron paso para poder tomar descanso de la larga jornada, mientras los grandes vehículos de los elementos de seguridad se despedían por los caminos largos junto al mar.
«Hasta mañana».

















