Morelia. Mich./ Zaira Santana.- “Cuando todo esto pase…” nos repetimos todos los días, pues a más de cuatro meses de pandemia, no se ha perdido del todo la esperanza, incluso después de ver en las noticias las alarmantes cifras de contagiados y los lamentables decesos que va dejando a su paso el SARS-CoV-2. La esperanza de volver a la vieja normalidad mantiene el ánimo de los mexicanos, como si se tratase de un acto de rebeldía.

Sin embargo, la nueva realidad es otra e incluye una serie de pasos a seguir: portar cubrebocas, no andar en grupos grandes, pasar por puntos de revisión en donde se toma la temperatura y se aplica gel antibacterial en las manos, seguir un camino marcado que permita el flujo adecuado; la entrada y la salida se encuentran en diferentes puntos y así se repite casi en cualquier establecimiento.
Como parte del proceso para reactivar la economía de manera gradual, se han retomado poco a poco las actividades turísticas en Michoacán, estado que sin duda tiene mucho que ofrecer y en esta ocasión hice un recorrido por el bello Parque Nacional Barranca del Cupatitzio, el cual reabrió sus puertas el 2 de junio.

Uruapan cuenta con la fortuna de ser el hogar del Parque Nacional Barranca del Cupatitzio, abierto al público el 2 de noviembre de 1938, con un aproximado de 20 hectáreas que puedes recorrer y más de 452 en total. Es un espacio que encierra y resguarda el misticismo de un lugar que parece sacado de una película de fantasía, con vegetación que recubre cada esquina del parque, incluido el camino hecho de piedritas, reclamadas por un musgo aterciopelado que rellena cada grieta del húmedo y resbaloso suelo.

Si tienes la suerte de conocer a un uruapense o alguien que ya haya visitado el lugar, seguramente te recomendará usar calzado cómodo y ropa abrigadora, ya que el clima que impera dentro del Parque es fresco, ¡No lo eches en saco roto! Seguramente te sentirás más a gusto durante el recorrido. Tampoco olvides tu cubrebocas, por eso de los virus…

El Parque esconde un espectáculo sin igual: el canto de las aves que no cesa, así como grillos y cigarras que al unísono montan una orquesta sinfónica, acompañados de la estrella de este musical que es el Cupatitzio, palabra que proviene del p’urhepecha y significa «El río que canta», el cual, con armoniosa melodía te acompañará durante todo el recorrido y por un momento te hará olvidar la crisis mundial que hay afuera.

La vegetación del lugar parece sacada del período jurásico. Con hojas de banano tan grandes que no parecen reales, floripondios de distintos colores que cuelgan de cada rincón y plantas con inusuales tallos morados o amarillos y hojas verdes y frondosas, helechos que recubren las paredes y ficus de gran altura y uno que otro alcatraz. De igual manera, si prestas un poco más de atención podrás ver pasar ardillitas entre los árboles.
¿Y qué hay además del hermoso paisaje? Comida y un espacio para descansar en los “senadores”. Si bien, muchos de los puestos dentro del parque todavía no estaban abiertos, hubo unos cuantos vendedores que puntualmente estaban preparando alimentos, acomodando artesanías y recuerdos para recibir a los visitantes y que estos puedan llevarse un pedacito del lugar. Incluso puedes alimentar truchas arcoíris en la granja que ahí se encuentra, o bien, degustar uno de los famosos pececillos.
El personal del parque va y viene, vigilando que todo se encuentre en orden y si es necesario te recuerdan que no debes quitarte el cubrebocas y que tienes que respetar las instalaciones, que se tiene que seguir el camino marcado con las vallas de madera que te dicen donde sí y donde no puedes entrar.

El recorrido termina de la mejor manera, ¡Con una leyenda! Justo donde empieza el Cupatitzio, se encuentra la famosa “Rodilla del diablo”, La historia detrás de la formación rocosa cuenta que Fray Juan de San Miguel regó con agua bendita el manantial para ahuyentar al diablo que no dejaba fluir el agua. Con esta acción, el fraile logró sacar al infame de su escondite, haciéndolo caer sobre su rodilla, la cual quedó marcada en la piedra, lo que le dio nombre a este lugar.

Con toda la magia y misticismo que te genera la atmósfera del Parque Nacional, definitivamente quedan ganas de volver, porque seguramente una visita no es suficiente y más si tienes buena compañía.










