“Duré dos días en el segundo piso”

Imagen: Xana Zamudio

Morelia, Mich./Xana Zamudio.-

“Mi casa se ha inundado como 10 veces, pero la peor fue hace dos años. Ahí perdí sala, refrigerador, estufa, lavadora, ¡todo se fue con el agua!”.

Héctor Ceja, un hombre de más de sesenta años, limpia los restos de lodo que dejaron las aguas del río grande que pasa frente al domicilio, mientras recuerda no ser la primera vez que vive una inundación en los 40 años que ahí habita.

“Eran las cinco de la mañana. Que voy y que me pongo las botas de hule. Dije, si viene el agua, yo mero aquí me la ‘descabecho’ pa’ fuera’, pero ya cuando salí, ya me llegaba hasta las rodillas”.

Imagen: Xana Zamudio

“Cuando llegué a la sala, dije, ¡ay, diosito santo!, y quise abrir la puerta del zaguán, pero dije, no, se va a entrar más recio el agua”.

Don Héctor vive con su esposa, y la recámara donde duermen se encuentra en la segunda planta de la casa, sitio que han decidido conservar desde que sus hijos se fueron de casa dejando dos recámaras más en la parte de abajo.

“Pues qué hago yo solo con mi mujer, ¡que se inunde lo que quiera!, dije, nomás cerré el gas, en caso de que se cayera el tanque y que se saliera la manguera para que no se escapara. Que lo cierro y que me arranco pa’rriba”.

Imagen: Xana Zamudio

Una marca de agua pintada sobre la pared le recuerda que el agua invadió más de un metro su casa, por lo que tuvo que refugiarse por un par de días en su recámara.

“Duré dos días en el segundo piso, un chavalo que vive allá en la López, sobrino de la vecina fue y me compró un pollo, tortillas y refresco y fue lo que estuvimos comiendo allá arriba con mi esposa”.

Cuenta que para él, salir de su hogar nunca fue la opción pese a que llegaron militares ofreciendo ayuda, “vino el ejército, pasaron, pero ¡para dónde nos llevaban! Nos dijeron que si queríamos bajar para ir a un albergue, pero no podíamos dejar sola la casa, por aquí no es seguro”.

Imagen: Xana Zamudio

En esta ocasión, Don Héctor agradece a Dios que el agua del río haya podido descender más rápido que la última vez, por lo que se apresura a terminar de limpiar el desastre ocasionado con escoba en mano.

“Cuando esto pasa, viene una camionetita de ayuntamiento, dando productos de limpieza, pero la riegan, ¡cómo va a ser posibe que nos den un litro de cloro, si se metió el agua por todos lados”.

“Dan una escoba, una cubeta, un trapero y una bolsita de jabón, cómo va a ser posible, pues. Pero ahora, ¡ni eso nos van a dar!