Morelia, Mich./Xana Zamudio.-
Ya por la mañana el desastre parecía haber terminado. Los autos familiares y colectivos merodeaban por la zona y el río grande ya no lo estaba tanto.

No fue sino hasta adentrarse que algunos vecinos de la colonia Agustín Arriaga Rivera, con cubetas, escobas y traperos entraban y salían de sus hogares, entretanto los niños con botas de hule jugaban entre el resto del lodo y los charcos.
Más de trece casas dañadas por las aguas negras reportaron los vecinos, más de trece familias vieron el río correr y la lluvia detenerse hasta la cocina de sus domicilios.
Fueron casi treinta centímetros de altura los que las paredes delataron, pero el recuento de los daños, dicen los vecinos, es incalculable.







