Morelia, Mich./Xana Zamudio.-
“Yo no almaceno historias”, así comienza el relato de Víctor García, un vendedor de periódicos de la capital michacana, desde hace aproximadamente treinta años, iniciándose en alguna primavera de los 90s.
De mirada serena y sonrisa inesperada, Víctor, dice ser un hombre perdido en el tiempo, sin fecha más importante que la de estar presente.
Lo que sí recuerda es que sus padres obtuvieron el puesto de periódico donde actualmente trabaja y que se encuentra en uno de los portales frente a la catedral de Morelia, en contra esquina de la calle Ignacio Zaragoza.

“Creo que fue dos días antes del informe del Gobernador Lázaro Cárdenas Batel, que nos dijeron, ‘tienes que cambiar el puesto porque tienes que cambiarlo’”, dijo después de recordar la forma del antiguo negocio.
“Los de antes estaban adecuados a las esquinas de las calles y eran laminados, eran como los muebles de casa que se tienen que adecuar a los rincones, ahora son todos cuadrados y verdes, aunque cada dueño fue acomodando el interior según lo necesitara”.

Desde las siete de la mañana Víctor comienza su labor, recogiendo el periódico de La Voz a tres cuadras del lugar, “El Sol de Morelia lo dejan aquí, el ABC que sale de lunes a viernes lo meten por la ranura”.
Entre libros de diferentes géneros, cuentos infantiles y revistas, se secciona cada parte del pequeño puesto que parece caberle más de lo que mide, va llegando la gente en busca del diario, “La Voz y La Jornada es lo que más se vende, porque es más fácil de leer, porque no tiene mayor cantidad de noticias, es muy general. El formato es muy sencillo”.

“La gente de más de 50 años es la que lee, la gente menor casi no lee lo impreso. Hay quienes lo hacen por mantener el hábito de la lectura o que no se acostumbra a lo digital”, dice observar desde la cotidianidad que conlleva estar sirviendo hasta las 9 de la noche, hora aproximada en que baja las cortinas del negocio.
“Ser vendedor de periódico no es una forma de vida, es sólo un medio para formar tu patrimonio familiar y no me he aburrido nunca, aunque muchos piensen que sí”.

Víctor dice ser el único al frente del negocio y donde prácticamente vive la mayor parte del día, “no se me ha hecho pesado. Yo soy de la generación donde tenías que saber caminar en la calle, saber cuidarte. Era otro tipo de apreciación, nosotros teníamos que aprender, no estábamos tan clavados en la tecnología”.
Miles de diarios han pasado por sus manos y ojos, pero confiesa no haberse sentido dispuesto nunca a ser partícipe de la labor periodística, “nunca me consideré con la paciencia y la ciencia para ser reportero, hay que saber de fechas y yo no sé de eso”.

“Una vez vi pasar a un hombre leyendo un libro, al otro día el mismo hombre con otro libro, y al tercer día con otro diferente. Le pregunté si quería ser un hombre sabio, me dijo ‘no, estoy aprendiendo a leer y escribir’”.
Reacomoda los diarios, después de haber sido hojeados momentáneamente por un cliente que toma un cigarrillo y La Voz de Michoacán para después reincorporarse a los pasillos del portal.
“Yo no sé qué es el periodismo, lo que sí sé es que ahora se difunden muchas noticias, pero no hay una investigación que los respalde. Para mí el problema de los periodistas de hoy es que se preocupan demasiado por escribir, sin ocuparse de saber escribir”, finaliza.






