Morelia, Mic./Nancy V. Herrejón.- El impacto socioeconómico de la pandemia COVID-19 en América Latina y el Caribe podría potencialmente dejar a cerca de 14 millones* de personas vulnerables en inseguridad alimentaria severa durante este año, según proyecciones del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (WFP, por sus siglas en inglés).
WFP estima que unos 10 millones de personas adicionales serían empujadas aún más a la pobreza y al hambre en 11 países de la región y en pequeños Estados insulares en desarrollo en el Caribe. En 2019, 3.4 millones de personas se enfrentaban a inseguridad alimentaria severa.
“Es vital y urgente que prestemos asistencia alimentaria al creciente número de personas vulnerables en la región, así como a aquellos que dependen de un trabajo informal”, alertó Miguel Barreto, Director Regional para América Latina y el Caribe de WFP.
La nueva cifra se basa en la comparación entre las evaluaciones de seguridad alimentaria realizadas en 2019, en el análisis de indicadores económicos tras el brote de la COVID-19, y en los resultados de encuestas remotas realizadas en 2020 para evaluar el impacto de la pandemia en el acceso a mercados, la seguridad alimentaria y los medios de vida.
El análisis de indicadores económicos para 2020 no es alentador. Con la pandemia, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé una contracción regional promedio de -5,3% para este año.
El impacto de dicha contracción de la actividad económica agravaría la condición ya precaria de millones de personas vulnerables que necesitan trabajar para poder tener acceso a alimentos. “Estamos a tiempo de evitar que la pandemia COVID-19 se convierta en una pandemia de hambre” aseguró Barreto.
Estimaciones de la CEPAL y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre pérdida de empleos por parte de la clase trabajadora pobre y pérdida de ingresos provenientes de remesas del extranjero también fueron negativas.
FP exhorta a los países a darle mayor apoyo a las personas que son beneficiarias de programas nacionales de protección social y también a expandir su alcance a más grupos, como migrantes y personas sin empleo formal.
Para poder responder rápidamente y a escala al enorme desafío que presenta la COVID-19, algunos países, a su vez, necesitan recibir asistencia de instituciones financieras internacionales y de la comunidad internacional.
“Trabajando juntos, podemos minimizar el riesgo de inseguridad alimentaria y proteger a los países y comunidades más vulnerables de los efectos potencialmente devastadores de la pandemia”, dijo el Sr. Barreto.
Con información del Programa Mundial de alimentos WFP.





