Morelia, Mich./Xana Zamudio.- “Antes era bonito, pero sufríamos mucho porque no teníamos agua, no teníamos todo así tan montado, era más rústico. Ahora ya es más práctico, es más fácil de limpiar, más higiénico”, cuenta la señora Chayito, una cocinera del Mercado de Antojitos de San Agustín.
Enchiladas placeras, corundas, pozole, buñuelos, tamales y gorditas son algunos de los antojitos mexicanos que doña Chayito aprendió desde muy pequeña, guiada por su madre.
“Empecé a los 11 años lavando trastes cuando mi mamá era la dueña”, dice sonriente, sin que una mueca preocupona abandone su rostro de mujer de hogar, madre de familia y empresaria.

“En estos tiempos ya podemos tener nuestro ‘refri’ aquí en el puesto que nos ayuda mucho, sobre todo ahorita que las ventas están muy malas, sacamos de a poquito, conforme vaya llegando la gente para que no se eche a perder”.
Con el cierre de negocios en el mes de marzo por la pandemia de coronavirus, doña Chayito se quedo sin su fuente de ingresos, afectando también a su hija, nuera y empleado, “yo me tuve que llevar a mi casa a mi trabajador junto con su hija para no despedirlo, y pues un taco no nos falta”.
De entre su cabello recogido y cubrebocas negro se asoman sus ojos por la calle, “es que no hay turistas, no los dejan salir aún y la gente que está aquí en la ciudad está cuidando no gastar mucho”, dice con desasosiego.

“Nosotros también estuvimos encerrados en la casa, después nos salíamos al campo a cortar grosellas y nopales pa’ poder comer, lo bueno que los dueños de los sembradíos no nos hace nada, ‘ustedes agarren’, dicen”.
Con los gastos acumulados desde la cuarentena, doña Chayito lamenta trabajar sólo para saldarlos, “ahorita con la renta, los recibos del agua y los de la luz que llegaron al doble, pues está difícil. En mi casa siempre pagaba de 300 pesos a 370, ahora llegó de 1,080, y ¡cómo lo reclamamos, si no perdonan!”
“Mi nuera está en un programa de ayuda en la colonia, a ella sí le dieron dos despensas; frijoles, avena, lo que es soya, lo más sencillo, pero gracias a Dios nos ha alcanzado y hemos comido”, comenta agradecida y esperanzada, “lo único que le pedimos a Dios que ojalá pasa pronto esto, porque no madamas soy yo, somos todos”.





