Morelia, Mich./Xana Zamudio.- Grandes vehículos blancos con sus cajas traseras expidiendo los olores de los deshechos de las familias morelianas, inundaron las calles del centro histórico.
En filas y ordenaditos, se postraron sobre la calle Allende, ni qué hablar del tráfico generado por colectivos y demás automovilistas que siempre parecen tener prisa.

«Pásale pues, compadre», dijo el chófer de una combi «roja 2» a uno de los recolectores de basura que apenas llegaba a la manifestación en Ayuntamiento.
Como niños regañados y en silencio, los trabajadores recolectores se sentaron entre escalón y escalón del aquel Palacio acanterado, «aquí nos citaron y aquí nos quedamos», murmuraron, mientras la gente pasaba frente a ellos.

«Que ya muevan los camiones», ordenó desde el segundo piso uno de ellos. Los motores se encendieron, y hubo quienes, voluntariamente, arriaron las naves recolectoras, que partieron sin rumbo fijo.





