Morelia, Mich./Xana Zamudio.- “En este mercado lo que nos da de comer, es el turismo, y ahorita no hay ni un turista”, comenta don Juan Olivares, un comerciante del Mercado “Valentín Gómez Farías”, mejor conocido como Mercado de Dulces, ubicado en el centro histórico de la capital michoacana.
Con más de 13 años ofreciendo bisutería y regalos a la gente que pasea por los pasillos, don Juan dice pertenecer a la generación de los comerciantes del centro que fueron retirados en la época de los noventa, “me quitaron de mi lugar después de 16 años, pero luego se me presentó la oportunidad de adquirir este negocio, me lo traspasaron”.
Luego de más de 40 días sin actividad comercial debido a las medidas sanitarias implementadas por el ayuntamiento municipal ante coronavirus, el negocio abrió por primera vez el día de hoy.

“Nos dejaron abrir, pero nos dieron lineamientos de la administración del mercado, no nos permiten exhibir mercancías que comúnmente colgamos afuera del negocio. Si exhibiendo vendemos poco, ¡no exhibiendo, mucho menos!”, aseguró.
Otra de las normas a las que están sujetos los comerciantes, es a la apertura del 25 por ciento de la capacidad del lugar, por lo que se ha reducido la oportunidad de venta para los establecimientos.
“Estaremos abriendo dos días a la semana cada local, y lo estamos haciendo para solventar los gastos de las personas que vienen a laborar. Yo tengo dos trabajadoras, ellas tienen hijos, y obviamente ocupan un recurso económico, así que se abre principalmente para pagarle a ellas”, comentó.
En su hogar, dice don Juan, son 5 personas las que dependen se los ingresos del negocio, más los integrantes de las familias de sus trabajadoras, “ahorita que nos dejan abrir dos días, vendemos 200 pesos, a mis trabajadoras no les puedo pagar 100 pesos, ellas tienen sus hijos que alimentar”.
“Estamos en una crisis muy grande. No sé si el Gobierno federal, estatal o municipal lo vea. A veces como que no consensan muy bien las cosas”, o sea, sí hay una pandemia, pero ellos nos dicen, ‘quédate en casa’, pero si uno tiene tres hijos que le están pidiendo de comer, ¿qué hacemos?, ¿quedarnos en casa?”.

Desde el inicio de la contingencia sanitaria, es sólo una despensa la que, asegura el comerciante, ha llegado al negocio, misma que se otorgó a una de las trabajadoras por ser la más vulnerable.
“Somos personas que siempre estamos obedeciendo a la autoridad, pero le pedimos al Gobierno que nos deje trabajar al 100 por ciento porque tenemos necesidades, no hay personas que puedan estar encerrados sin trabajar, sobre todo para quienes vivimos al día”, añadió.
“No es rebeldía cuando la gente se pone a trabajar, que no le dan permiso y se pone, es hambre de las familias, de llevar de comer a sus hijos, de pagar la luz, de comprar jabón, es por necesidad”, finalizó.





