Morelia, Mich./Acueducto/Xana Zamudio.- “No hay clientes ahorita por eso del coronavirus, a veces viene uno que otro”, comparte la señora Belén, una de las artesanas de los portales del mercado de artesanías en Tzintzuntzan, Michoacán.
Pese a la recomendación por parte del Ayuntamiento de la comunidad de cerrar negocios, el local de Belén es de los pocos que han abierto al público algunos días.
La artesana es una de las mujeres a cargo de este negocio, pues dice que su madre y demás familia también se dedica a la labor y, por lo mismo, todos ellos se han visto afectados por el cierre de establecimientos por COVID-19.

“Nosotros vendemos popote de trigo, lo tejemos y lo adornamos”, comenta mientras acomoda los alhajeros de colores que se encuentran en las canastas de la entrada. También hay abanicos, bolsas y sombreros que caen como cortinas acomodados estratégicamente para que la gente pueda apreciarlos mientras caminan por el pasillo del portal.
Y, aunque los adornos de las artesanías lucen llenos de creatividad y paciencia, no hay quién se acerque a ver ni comprar en esta tarde soleada. “Hemos cerrado unos días sí y otros no, pues no tenemos otra entrada de dinero y hay que sacar aunque sea para las tortillas, ¡cómo vamos a estar sin comer!”, asevera Belén.

“Sí contábamos con ahorros para sobrevivir unos días, pero ya se nos acabaron con el pago de servicios de la casa y el local, ¡hay que pagar la luz!”, puntualiza y coge una de las hebras de cortina rosa que cuelga de la puerta del negocio. “Tenemos que disminuirle a todo el consumo en casa. Teníamos dinero para unos días, pero no para tanto tiempo”.
Mientras tanto, dice no desanimarse y tener fe en que todo vuelva a la normalidad, “yo le digo a la gente que se cuide y que no se desanime y que espero que esto termine pronto, porque si uno se queda pensando nomas, le puede dar hasta diabetes”, suelta una carcajada y se prepara para comer sus alimentos.





