No hay virus que distraiga el hambre

Imagen: Xana Zamudio

Morelia, Mich./Xana Zamudio.- El barrio de la Eduardo Ruíz de Morelia sigue andando entre baches, grafitis y calles soleadas.

Los anuncios de las paredes que comprenden las últimas fechas de los jaripeos, bailes y bares nocturnos son apenas un recuerdo previo al resguardo obligatorio.

La fe se estaciona en algunos puestos y peluquerías. «Curamos de espanto y empachos», dice ferviente un letrero verde desgastado junto a un altar con humos de inciensos y loción de 7 machos. «Pásele, güerita».

En una esquina, la anciana del mandil espera el cruce de la calle, no hay cubrebocas ni gel antibacterial, más bien, una breve prisa por sostener el día en su paso lento.

Otros trabajan arduo sobre la avenida donde es poco el tráfico, «así las líneas del piso quedan más derechitas cuando las pintamos», dice un hombre mientras da otro brochazo al pavimento.

La calle parece desgastada entre los rayos del sol y los carteles viejos cayendo a pedazos. Una pareja se conduce tomada de la mano, y en ese triste andar de cubrebocas no hay virus que distraiga la sed y el hambre.