Morelia, Mich./Xana Zamudio.- No hay futuros médicos, ni odontólogos, ni algún estudiante sentado a la sombra de los árboles del Bosque Cuauhtémoc de Morelia, tampoco en las bancas de las paradas de las combis ni peatones de batas blancas comprando fruta por la contingencia de COVID-19.
A lo lejos, se observa a los trabajadores de los puestos de gaspachos debajo de las lonas como cubriéndose del sol. Se les ve sentados y esperando, quizá a que la mujer del cubrebocas que pasa caminando, se le antoje uno de esos elixires de frutas que preparan con limón, chile y queso, pero se va de largo.
Hay farmacias cerradas por las calles del centro y mesas solitarias en los portales de las plazas donde abogados y universitarios suelen compartir vasos de moka y tazas de té entre sus largas charlas de trabajo, académías y negocios.

No hay tortas a las afueras del zoológico, ni globos, ni agua fresca para calmar la sed de algún peatón o cumbiero. Tampoco estudiantes de secundaria con sus uniformes deportivos blancos y azules rondando en las banquetas o subiendo a los coches familiares y colectivos.
Pero hay chilaquiles verdes en la avenida Ventura Puente y otros desayunos calientitos que poco a poco se van enfríando debido a la falta de clientes pues sólo pasan coches de vez en vez hacia la avenida solitaria de Acueducto. En el transcurso de los días las calles se van quedando solas y los bolsillos del comercio también.
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