Los trapitos del acoso no terminan por secarse

Morelia, Mich./Xana Zamudio/Acueducto

«Ya me expusieron o todavía no», dice al aire un hombre calvo con mochila café y de complexión robusta al mismo tiempo que señala con el dedo índice derecho el «tendedero del acoso», mientras se acerca entre estudiantes que leen curiosos los señalamientos de mujeres hacia profesores, alumnos y administrativos de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Michoacana.

Un silencio incómodo inquieta a los presentes y abren paso a quien parece ser un profesor de la escuela. Se inclina como buscando su nombre y lee cada una de las acusaciones: «a ver, pásame el chicle de boca a boca», «TARELO le toma fotografías a las alumnas cuando traen falda», dice otro.

Un segundo camina por detrás del tendedero con un termo de mate en la mano y se aproxima a un grupo de hombres que miran a lo lejos desde la entrada al patio principal. Comenta algo entre dientes y, acto seguido, apunta hacia la muchedumbre. 

Apenas alguien lo nota, todos parecen estar reconociendo a cada uno de los apuntados, “¿ya viste que mencionan mucho a Monroy?”, se escucha en voz baja, “si las muchachas que no aparecen tienen más de 18 años, entonces no desaparecen, se fueron por sus ganas”, dice la hoja que lo señala. 

Una chica se lleva la mano a la boca como sorprendida y llama a otra para mostrar lo descubierto, “vengan a mi casa y les doy su calificación. Todas las que vienen salen bien contentas, yo las atiendo muy bien”, un mensaje de, alparecer, el arquitecto José Colorado. 

También hay alumnos que de apoco se acercan, uno de ellos sobresale por mostrarse preocupado, da dos pasos adelante y sostiene su cara con la mano.  Tres más caminan por los pasillos del edificio de los grandes ventanales y se escucha decir en tono ríspido, “¿si serán ciertas todas esas pendejadas que se leen ahí?”, uno más responde, “pues yo sí lo creo, wey”. 

Para otros parecen culminar las clases y con sus mochilas listas se aproximan a marcharse debajo del sol de mediodía donde los trapitos del acoso de “la michoacana” no terminan por secarse. La reja blanca los despide mientras un resto de calcamonía morada con un puño blanco en alto, como en resistencia, les recuerda “la revolución será feminista o no será”.

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