“Le robaron la vida”

Fotografía: Especial

Morelia / Acueducto.-  Malena, madre de Fátima, sentada en la primera fila lanza calladas quejas “Me la robaron”. “Le robaron la vida”. A ratos camina de lado a lado, ahí con ella Guillermo Antón Godínez , abuelo de Fátima Cecilia, la niña de siete años que fue asesinada y cuyo cuerpo fue encontrado en la alcaldía Tláhuac. “Todo México tiene los ojos en este problema”, dice agradecido por las muestras de apoyo.

Son las 10 de la mañana del 18 de febrero  y el hombre, agotado, espera que se celebre la misa de cuerpo presente en recuerdo de su nieta. Por el momento, la mayor parte de las sillas colocadas frente a la humilde vivienda ubicada en Santiago Tulyehualco están vacías

“¿Por qué dañan a una niña que su peor majadería sería sacar la lengua?”, se pregunta el anciano. El hombre reside a pocas cuadras de aquí y ahora mismo es preso del “y si”, un condicional cruel.

¿Y si alguien en la escuela hubiese avisado que Fátima se había quedado sola y que nadie acudió a recogerla? ¿Y si el agente del Ministerio Público hubiese hecho caso a su madre, Malena, y en lugar de 72 horas para reportar la desaparición hubiese puesto en marcha el protocolo?

Estas son las preguntas que atormentan a Guillermo Antón Godínez, que no deja de quejarse de las “negligencias” que acompañaron a la muerte de su nieta. Dice, por ejemplo, que en esa misma escuela hubo otro caso en el que un niño no fue recogido por sus padres. “Llamaron al MP y les pusieron una multa”, dice. “Mi nietecita no corrió con la misma suerte”.

También te interesa: Cronología de una tragedia

Tiene razón Antón Godínez. De algún modo, todo México está presente en esta estrecha callejuela en la que es difícil aguantar las lágrimas. Nadie está preparado para enterrar a una niña de siete años y, sin embargo, ahí hay una familia que está obligada a hacerlo. El único sonido que rompe el luto a las nueve de la mañana es el sonido de un violín.

Edmundo Paz, de 38 años y antiguo alumno de la escuela, pone la banda sonora al dolor. Está parado frente al domicilio familiar donde permanece el ataúd. Toca el himno de la alegría, y alguna ranchera. Malena, la madre de Fátima, escucha sentada en primera fila.

Antes del último adiós, las conversaciones giraban en torno a dos cuestiones: si se pudo evitar la tragedia y si la justicia cumplirá. Entre la gente que acompañaba a la familia, hay decenas de vecinos, muchos de ellos con hijos que compartían aula con la fallecida. Al pequeño féretro le circundan gran cantidad de globos blancos, al centro una pequeña imagen de la tierna Fátima.

Pasadas las 13:00 horas dio comienzo la misa de cuerpo presente. Decenas de personas abarrotaban la callejuela donde la familia de Fátima tiene su vivienda. El oficio estuvo a cargo del obispo de Xochimilco, quien pidió “ser eficaces en la defensa de la vida”.

A las 15:40, el féretro con los restos de Fátima abandonaba por última vez la que fue su casa en Santiago Tulyehualco. La acompañaba su familia, unos mariachis y cientos de vecinos con globos en los que se podía leer el nombre de la última niña víctima de la violencia en México y la palabra justicia. De algún modo, todo el país estaba presente.

Con información de Animal Político