Morelia / Acueducto.- La ceremonia Kurhíkuaeri K’uínchekua, es una celebración de renacimiento de la cultura p´urhépecha que se realiza cada primero de febrero. Mantiene al menos tres principios centrales, no se permite la intromisión de los partidos políticos, ni la participación de las religiones occidentales o la intervención de instituciones gubernamentales o privadas. Es una celebración originaria, autónoma e histórica del pueblo p´urhépecha.
La celebración Kurhíkuaeri K’uínchekua (ceremonia de renovación del Fuego Nuevo e inicio del Año Nuevo P’urhépecha), es una construcción histórica del pueblo P’urhépecha, movimiento que lucha por la recuperación de las raíces P’urhé en lo político, económico, social, educativo, cultural y espiritual, elemento generador de orgullo e identidad frente al mundo mestizo, organización que busca la autonomía cultural indígena, medio para el rescate y fortalecimiento del idioma P’urhépecha, sistema que crítica y autocrítica la religión católica y a los partidos políticos, símbolo de resistencia, y sobre todo, es camino para la construcción de su propio devenir histórico.
El proyecto y preparativos para la celebración del hoy Kurhíkuaeri K’uínchekua, se remontan a los años de 1979-1982, cuando diez estudiantes del Programa de Formación Profesional Etnolingüística en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL), estudiaron los fundamentos históricos, espirituales y simbólicos de la sociedad prehispánica de Michoacán, con el objetivo de generar una investigación que promoviera el sentimiento de unidad entre los P’urhépecha de las distintas regiones y comunidades, entre los estudiantes se encontraban: Dámaso Calderón, Isidro Manzo, María de la Luz Valentines, Valente Soto, Sinforoso Elías, Pedro Márquez Joaquín, Néstor Dimas Huacuz, Benigno Ramírez, Juan Cornelio y Jorge Antonio Joaquín, el Coordinador Académico del programa era el antropólogo y eclesiástico Agustín García Alcaraz, y la Administradora General, la maestra Cecilia Valdovinos Soriano, a su vez, el muralista José Luis Soto González, fungía como asesor permanente. (Fuente: Entrevista a Cecilia Valdovinos Soriano 28/Ene/2016).

Bajo este marco, la celebración del Kurhíkuaeri K’uínchekua, se celebró por primera vez en el año de 1983, en las Yácatas de Tzintzúntzan, con un grupo aproximadamente de 50 personas, con la finalidad de fortalecer la cultura P’urhépecha y crear una conciencia de pertenencia, así como de fomentar la idea de luchar contra la comercialización y/o folclorización de la cultura indígena. En un inicio no existía una visión completa de lo que se quería lograr, ni la magnitud que cobraría, sin embargo, paulatinamente, con la participación de líderes comunales, académicos, comunicadores, y sobre todo comunidades enteras, se ha consolidado como una de las celebraciones contemporáneas más importantes del pueblo P’urhépecha. (Lorena Ojeda / Una etnia mexicana frente a su patrimonio cultural inmaterial el caso de los P’urhépecha de Michoacán).
El contexto histórico del surgimiento de ésta tradición entre los P’urhépecha, se encuentra en general, predominado por luchas campesinas e indígenas durante la década de 1970-1980, con movimientos sociales de los pueblos originarios en los estados de San Luis Potosí, Jalisco, Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Hidalgo y Puebla (Blanca Rubio / Resistencia campesina y explotación rural en México), y en particular, está íntimamente ligado a la lucha por la tierra comunal y el trabajo colectivo de Santa Fe de la Laguna de 1979. De igual forma, un análisis detallado de los 38 lienzos y carteles que representan la simbología y cedes del Kurhíkuaeri K’uínchekua, señala la grandeza de historia, resistencia, lucha y cosmovisión del pueblo P’urhépecha. (José Luis Soto / Arte y simbología del Año Nuevo P’urhépecha).
Los antecedentes históricos de la celebración, se remontan al pasado prehispánico, a la celebración Equata Cónsquaro, “que quiere decir de las flechas” donde se hacía justicia general por parte del Petámuti (historiador, sacerdote mayor y administrador de la justicia) a las mujeres y hombres que habían violado el sistema de justicia P’urhépecha, entre otros, los que habían dejado de traer leña para el fuego sagrado, los espías, los guerreros desertores, los médicos que habían realizado mal su trabajo, los infieles, los vagabundos y los improductivos. (Jerónimo de Alcalá / Relación de Michoacán).
Con información de Pavel Uliánov Guzmán



