Educación para combatir el cambio climático

Morelia / Nancy V. Herrejón.- Altiva y señorial la Catedral de Morelia embellece con su vestido de cantera y agua, trinos melodiosos en sinfonía perfecta , cientos de autos van y viene, destinos desconocidos siempre, más la mirada baja y ahí un grupo de personas ordenando mesas y papeles, algunos con pequeños huertos urbanos, otros con arácnidos conservados , por ahí una lona con el S.O.S de las abejas,; entre jóvenes y adultos dan forma a todo con un solo pensamiento: la educación contra el cambio climático.

El día de ayer 26 de enero se celebró el Día mundial de la Educación ambiental, así que este lunes el gobierno de morelia organizó una feria alusiva al día a través de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, donde personas valiosas y amables compartieron un poco de su labor cotidiana dentro de sus oficinas, salones de clase o museos.

Una de las mesas trataba acerca de los arácnidos, sus características y cuidados si es que por desgracia se sufría de la mordedura o picadura de alguno de ellos, la gente inspeccionaba cada uno de ellos, su color ambarino a través del cristal del frasco que los contenía, un memorama como parte de la dinámica.

A la par que se desarrollaban las mesas de exposición, todas ellas con temas de la educación ambiental contra el cambio climático. el Museo de Residuos Sólidos SOS impartía talleres de reciclaje también

Al lado, caminando a lo breve una mesa que exponía lo mismo, pero para el sector infantil, ya que eran arañas de peluche, graciosas en tela, sonrientes y suaves al tacto, sólo deseado en esa forma. Una lotería con todos los tipos de arañas que existen en Morelia era el juego, a los niños les daba miedo jugar.

El S.O. S de las abejas en un grito amarillo era muy visible, los niños se acercaban, había mariposas y flores hechos a manualidad. Los jóvenes te explicaban su importancia y porque el mundo dependía de ellas, un borracho río a lo lejos para después acercarse y pedir dinero.

Los huertos urbanos enfrente lucían bellos, como pequeños jardines colgantes, plántulas adornaban en filas las mesas, la gente miraba, “quiero un huerto” dijo uno de que vestía traje oscuro” más no tengo tiempo” y una mueca a prisa invadió su rostro.

A un lado, artístico y soñador se leía un “Reciclando el pasado” las jóvenes exponían arte objeto reciclado, botellas pintadas, floreros alternativos con ojos de pavo real, bolsas de red de frutas, ¿cuánto cuestan? Les preguntaban, “yo te enseñó contestaban sonrientes” y los otros se iban, sin valorar el tiempo, sin valorar a la educación.

A la par que se desarrollaban las mesas de exposición, todas ellas con temas de la educación ambiental el Museo de Residuos Sólidos SOS impartía talleres de reciclaje también, en las bancas morelianas había serpientes con piel de llanta, carritos delgados de cartón, pericos verde botella, canastas tan livianas como el periódico y caballos delgados como un palo de escoba.

A momentos poco gente, de pronto muchas voces, todos observando un grito fragmentado, como si cada expositor fuera de la tierra un hilo de voz.