Sus manos se acarician en morena nostalgia…

Fotografía: Especial

Morelia / Nancy V. Herrejón

Colonial e inmensa la Casa de la Cultura siempre se presta a una estampa bella y fría, el sol cercano al mediodía en espejuelos asimétricos gobierna la corona de los árboles que dan frescura al recinto cultural, como un eco fantasmal en los salones la música, danza y color de las artes juega en invisible reino; en la sala Mapeco, ubicada en la planta alta del edificio,  una mujer delgada y sonriente aguarda, espera, ataviada con su vestimenta oscura con bordados en naranja que asemejan motivos persas ordena una serie de folletos, una vez acompañada da inicio, es Beatriz Amelio, maestra de danza española y dice adiós.

El encuentro con la danza sucedió a muy temprana edad, Beatriz Amelio tenía 6 años cuando tuvo su primer acercamiento con este arte, recuerda perfectamente que esto fue gracias a que en casa de sus padres se puso una academia de baile, más fue su hermana quien inició con talleres y clases.

“Mi experiencia con la danza ha sido maravillosa, de tomado clases y talleres, y también los de impartido, formé parte de un taller de cámara de mi hermana y nos fuimos de viaje a Rusia, he viajado a muchas partes y de verdad que han sido experiencias invaluables gracias a la danza” Beatriz lleva el cabello recogido, una fina y discreta flor negra adorna su peinado, sus labios son delgados y de voz suave, su sonrisa es sincera, es viva.

Maya Plisétskaya es la bailarina que más le ha inspirado, Beatriz rememora las vivencias que le generó apreciar las ejecuciones de la bailarina rusa, todas ellas alimentaron su avidez por aprender, “(Maya) Se consagró como una de las mejores con la muerte del cisne, poseía una gracia exquisita, una extraordinaria interpretación que me llenó de inspiraciones” Amelio plática y sus manos se acarician en morena nostalgia, como reviviendo a la prima ballerina assoluta.

Con el grupo de Ballet Andalucía y su Academia Coreográfica Beatriz Amelio ha participado en diversos concursos nacionales ganando varios primeros lugares, comenta que todo ello involucra un gran trabajo, no sólo de ejecución y forma sino también de conocimientos e inventiva, además de ser bailarina y maestra de esa disciplina Amelio también es música, ya que tomó clases de piano y estudio arte dramático en el Centro de Arte Escénico del instituto Andrés Soler, “Eso me sirvió muchísimo, porque para estar en lo que uno hace uno tiene que tener un conocimiento, una formación completa” añadió gustosa.

Amelio dio clases y talleres tanto a niños, jóvenes y adultos, incluso impartió un curso de castañuelas en Sahuayo, en el cual enseñó a leer música con partituras, a dos voces con melodía y acompañamiento, “el resultado fue excelso”. En México tuvo la oportunidad de poner un ballet basado en el Concierto para violín y orquesta No. 1 de Niccolo Paganini, al cual Amelio sumó un argumento, lamenta no haber podido realizar un evento similar en Morelia, “no es fácil montar una coreografía sino se tienen conocimientos, como en este caso para poder integrar al concierto un montaje de danza

Con sus 52 años de trayectoria ha sido testigo y participe de las artes y cultura en la ciudad de Morelia, Amelio con un gesto de amargura nos revela “La cultura la veo muy triste, no hay apoyo para la cultura, no entiendo que es lo que pasa en las artes, antes había aquí lo de “Haz del Centro histórico tu domingo”, había varios eventos en las plazas, ahora ya no, a mí por lo que me más me da tristeza es por los niños y los jóvenes, porque eso les puede dar a ellos otra abertura en su vida, tener una sensibilidad para muchas cosas, ser más humanos

La función del próximo 18 de enero es diferente a todas las que ha tenido, es su despedida , el hasta pronto que a veces llega para algunos artistas, siempre sonriente y con su voz suave Amelio regala palabras cual bálsamo, tiene muchos sentimientos encontrados, en sus ojos se agolpa de lleno una hecatombe de colores y recuerdos “por un lado es mi decisión, soy de las personas de “renovarse o morir” , la nostalgia es porque dejo algo que por mucho tiempo estuvo conmigo, más así tiene que ser, es como con los hijos, uno los educa para darles alas para que después emprendan el vuelo” Amelio a la vez emocionada porque se reencontrará con alumnas que con el tiempo terminaron siendo sus amigas espera esta función con un dejo resignado más no pasivo, ahora atenderá su vida personal desde otra danza, desde otro escenario. “Es algo que se va a quedar conmigo en mi corazón y mi mente” Beatriz nos regala un abrazo, palpitante lleno de danza, lleno de emoción. Se aleja aguardando el último baile.