Morelia / Nancy V. Herrejón
La licenciada Yanitzia Juárez habla fuerte, su voz es un grito de justicia y resistencia con sabor a tierra, ataviada en un claro huanengo azul con flores bordadas a usanza de bodegón alza la voz por su comunidad, por sus compañeros presos que esperan pronta libertad para sus manos.
En una sencilla y modesta mesa con un mantel blanco se dirige a los medios quienes prestan atención a sus manos, a sus ojos que nunca se cerrarán a las injusticias. “si en verdad existiera la justicia aquí en Michoacán no habría necesidad de haber llegado a esta instancia”, sube un poco el tono de su voz, en su garganta llena de palabras de lucha también la tierna sabia de la verdad se vierte, “no podemos callarnos y cerrar los ojos” dice enfática y contundente.
El brillo de sus ojos es un oleaje simultáneo entre las voces y las penas, en su mente, como ecos pausados las querellas de su comunidad se agolpan lentamente, los ve sin verlos, las manos de los campesinos, la tierna confianza de las madres, las risas de los niños en las plazas, su compromiso va más allá de las cámaras y los micrófonos, su compromiso es el respeto a la vida.
“En Nahuatzen no hay víctimas, hay luchadores sociales” mientras en las afueras del Tribunal los policías toman lugar, cercan el rosado brigadero de justicia como tratando de no dejar pasar fantasmas que visitan con sólo ser mencionados. La comunidad está dividida, denuncia que con ‘regalos’ a cuenta de puestos administrativos y productos de construcción “se está comprando la dignidad de la gente”
Ella sabe de la entereza y de la lealtad que tienen con sus principios los tres involucrados, “nuestros compañeros jamás van a arreglar un trato por debajo de la mesa”. Sabe que su pueblo es fuerte, más no salvaje, sólo se defiende ante la adversidad, por eso cuando acusaron al CCIN de la muerte del Lic. David Otlica Aviles (2018-2021) (Fallecido en abril de 2019) quien fuera su presidente municipal hubo gran molestia “A la gente que muere se le respeta, lo martirizaron y no nos alegra eso, él era un paisano y un hermano, que se miren, el asesino está en sus filas no en las nuestras”
“El juez jugó mucho con la comunidad, daba plazos para dictar la sentencia y no lo hacía, nos tenía a 80 personas afuera del juzgado, no se pronunciaba en el horario que él decía (…) nos dejó tres días eso está fuera del proceso”, la molestia es evidente en sus ojos, sus manos arrecían un gesto de dureza más no es así, es fortaleza, es vitalidad.
“La Fiscalía pidió tres meses para presentar pruebas, cosas que también está fuera de proceso, cuando hay un detenido en las circunstancias en que se dio con mis compañeros las pruebas ya deben tenerse, además, los tiene presos desde hace un año, lo que quieren es tenerlos encerrados en lo que se termine su tiempo como autoridad tradicional” con un guiño triste más no de resignación aclara “No creemos en la justicia de Michoacán”
Ella se aleja y se suma a los compañeros que entran al Tribunal en un fila visible por las puertas de cristal, todos con un grito ahogado pero fuerte, todos con apremio de la justicia encendida en sus manos.







