A mirar tus ojos

Morelia / Nancy V. Herrejón

Es fácil perderse entre toda la gente que va y viene en la Calzada de San Diego, a la par de las personas que en fe mayor peregrinan desde su hogar hasta la mora de la Guadalupana hay gente que se posa en el punto ciego de la mirada, los fieles penitentes.

Mujeres vendiendo juguetes, un hombre de aspecto pachuco vendiendo collares y pulseras de plata y oro, una anciana vendiendo estampas de santos “para que te consigan novio, rézale todos los días” dice mientras mastica garbanzos y guiña un ojo, pies asomándose debajo de negras faldas, uñas pintadas y delicadas al compás del dobles de tela; de pronto un hombre cansado pero con energía aparece, dos pequeños van intercambiando cobijas mientras avanza con sus rodillas rotas.

Hace un mes nació la pequeña hija de él, nació prematura, los diagnósticos no eran alentadores para la nena, a la familia se le informó que quizá no sobreviviría, hoy, su madre la carga con alegría y dicha, pueden mimarla , ella está viva “La virgencita me hizo el milagro”

Vicente Cermeño un hombre de mediana edad, cuerpo fuerte, ojos ambarinos y piel sonrosada a calor cumple este 12 de diciembre la manda que prometió a la virgen de Guadalupe si ayudaba a su bebé a vivir, y así fue.

Mientras sus otros hijos , unos pequeños de 9 y 10 años aproximadamente se comportan veloces para poner cobijas a las rodillas de su padre nos dice “ser guadalupano es algo especial, ya estamos acostumbrados a venir aquí o ya sea en la colonia Guadalupe, pero esta vez es algo diferente” . Su mujer no pudo acompañarle, ella está cuidando a su pequeña, la luz de su corazón después de la manda le espera en su casa.

“Prometí esta manda por mi niña”  las gotas de sudor enjugan su frente, sus ojos parpadean más rápido aprieta a su pecho un pequeño ramo de rosas que también prometió traer- “hago con gusto esta manda, no hay nada que no hiciera por mi niña, bueno por toda mi familia, pero ahorita es por mi niña, que ella siga con nosotros es porque la Virgencita nos escuchó”. Vicente es de Morelia, desde pequeño se le inculcó la devoción por la virgen morena, y a sus hijos les comparte su fe “ellos deben de creer en algo, la gente que no cree la respeto pero no tiene la misma alegría que nosotros cuando nos conceden algo”.

Vicente pareciera que avanza sin avanzar, entre más sigue de rodillas la calzada se extiende más ala vista, poco a poco la gente en hecatombe aparece, los niños comen cañas, los adultos y jóvenes en el celular viven en otro tiempo, otra realidad.

“La virgencita es la madre de todos nosotros, ellas nos escucha siempre, a veces guarda silencio pero es porque analiza cómo ayudarnos”. Poco a poco se avanza, sus manos se tensan a momentos, el ramo está transpirado de fe pura, sus hijos escuchan, con miradas se hablan, ¿cómo ven a su padre?, sólo ayudan y le sonríen, uno de ellos con la manga de su suéter limpia su frente, su padre traga saliva, lo mira como dándoles las gracias.

La voz de Vicente comienza a apagarse conforme habla más, el sol cercano al cenit gobierna todo el recorrido, sus hijos le acompañan en tiempo y corazón, su pequeña brilla en sus ojos como acunándola, su misión es llegar al pie de la virgen y decirle “gracias”, la gente va y viene, Vicente sigue avanzando, cuando la gratitud es pura no hay distancia larga, la Guadalupana sabe que Vicente llegará cansado pero alegre a mirar sus ojos.