Construyamos hoy, un proceso electoral impecable.
Octavio Aparicio.
Representante del PRI
Crónica de un domingo electoral
Morelia/Bernardino Rangel
Uno
Es el día.
Como siempre desde que nació, México llega arrastrándose al día de sus elecciones, enfermo de sí. El 7 de junio de 2015 sus síntomas son hartazgo y un brote de muertes por todo el cuerpo que ya le dura ¿qué? diez… quince años…
- Hasta para mí, son demasiadas muertes, doctor.
- Pero qué me dice, usted, un país tan correoso desde siempre.
- Pues sí, qué le hacemos… el caso es que hoy tengo elecciones. Deme una maquilladita, un analgésico.
Mucho de lo peor le pasa a México en Michoacán. México, tiene una infección en nuestro estado.
Dos
No ha terminado de amanecer y en el Instituto Electoral de Michoacán suenan los preparativos. Sillas que se arrastran, tripiés que se yerguen, un helicóptero a lo lejos, el extractor de jugos, Windows iniciándose en la laptop de un reportero. Aquí es hoy el centro nervioso, simbólico y operativo de la elección. En los estacionamientos del edificio han brotado enormes carpas blancas que son comedores, salas de prensa, estudios de radio y televisión. La sala de sesiones del Consejo comienza a estar repleta. Son las 7:10 de la mañana y hay desfile de galletas, cámaras, gafetes, corbatas, jugos. El Secretario toma su silla, jala el micrófono, ojea al Presidente, y con su bendición, anuncia sin que se le entienda que ha iniciado la sesión. No ha mejorado su dicción. Apenas comienza la maratónica jornada y él ya parece estar exhausto.
No hay un silencio total. De afuera entra el rumor acumulado de la tanta gente que ha venido. Mientras la solemnidad no termina de instalarse, el representante del PRI es el primero en tomar la palabra. Solemne él sí, promete de su partido seriedad y calma, y como si viniera de otro país o planeta, llama a sus rivales a conducirse con respeto a la legalidad del proceso electoral. Tal dosis de cinismo a esta hora del día, es más fuerte que la cafeína. Despierto, pero luego el representante del PRD responde con demagogia cíclica e infinita y me vuelve el sueño. El del PAN habla. Muestra las primeras heridas en la población: llamadas amenazando a las personas para ir a votar, camiones de despensa recorriendo como fantasmas el estado, crédito en el celular a cambio de votos. Pide decencia y juego limpio, pero sus palabras suenan a que es demasiado tarde. ¿Cómo parar la maquinaria con palabras? Hoy es el día, y la ferocidad de los partidos anda suelta más allá de estas puertas institucionales. El hambre es perra, y nada abre tanto el apetito como el poder. Todos en esta sala sabemos que no habrá palabras que los detengan.
Tres.
Pero el ciclo continúa y toman la palabra los que faltan. Los representantes del resto de los partidos son solo turnos del eco. A mi lado, una reportera de efekto noticias, transmite en vivo con voz muy baja. De fondo a su reportaje suenan palabras viejas, arcaicas. Como Cicerón en tribuna, los oradores llaman al pueblo a lanzarse a las urnas, a negarse a que les sea comprada la conciencia, a tener valor, a cambiar a Michoacán. Aquí, todos llaman a todos a no comprar el voto de la gente, mientras afuera, todos pelean por comprar el voto de la gente. Son arenas distintas.
El representante del Verde Ecologista, deja por un momento su celular. Toma el micrófono, dice diez, trece palabras, regresa el micrófono a donde estaba y vuelve a su celular.
Son menos de las 8 de la mañana y el de Morena ya está enojado. En su turno, cita convenciones internacionales de derechos humanos y habla de las muertes que ha sufrido su partido en la contienda. El extractor de jugos se enciende y no permite que le escuchemos. Del coro de reporteros escapa un “ssshhhh”. Se apaga el extractor. Nos perdimos el discurso.
Los integrantes de la mesa, consejeros y representantes solo dejan sus celulares cuando les toca el uso de la palabra. Agarran sus hojas, leen su discurso y vuelven a lo suyo, el face, el watts o las noticias. Cualquier cosa que no sea soportar este tedio de escuchar a los otros.
En la sala que hemos llenado comienza a nacer un calorcito. Uno a uno, todos los de la mesa hablan un poco. Cuando el consejero Jaime Rivera toma la palabra, invoca un fantasma: La CNTE. Ese sindicato de maestros tan amenazante y tan dueño de la calma michoacana. El hombre golpeador de nuestra casa. Por un momento, sólo uno, los de la mesa levantan la cara y pareciera que escuchan. Luego… nada, al celular, a la nada. ¿Qué sería de este proceso electoral si un meteoro o un soplo solar nos arrebatara la señal y el Wi-fi? ¿Qué sería de nosotros si tuviéramos tan poco como antes?
Son las 8:20 y siguen los discursos en la sala. Claro, todos trajeron el suyo. ¿Por qué no lo enviaron por correo? Cada quien lo hubiera leído en su casa o en su celular, y nos evitamos la desmañanada.
A las 8:34 se declara un receso. Pase lo que pase, en esta sala vigilante saldremos a desayunar y a pensar en las palabras que dijo el representante de Nueva Alianza:
¡Exigimos que ante las irregularidades que se están presentando en todo el territorio del estado, se aplique la normatividad!
Mmmmmh… ¿cómo sería eso?





