Morelia, Mich./Samuel Ponce Morales
Como todos los años, como un ritual permanente, desde que suíeron, ya sea leyendo, mirando, oyendo y/o de oídas lo que sucedió aquel 2 de octubre de 1968, en la plaza de las Tres cultural, en el complejo habitacional de Tlatelolco, en la capital del país, decenas, centenas, a veces sin llegar a millares, jóvenes estudianties salen a las calles a recordar la masacre estudiantil, algunos con tal coraje, con tal impetú, como si lo hubieran vivido en carne propia.
Marchan, caminan, trotal y corren por la emblématica avenida principal de la capital michoacana, la que está cubierta de cantera, la que debiera ser Morelos. La tarde no es imberbe, muchos de ellos en demasía, pero ahí están y no se saben cuántos están realmente convencidos del porqué están entre sus compañeros, aunque sin más opción son los que juguetean, los que echan desmadre, contenido, pero desmadre al fin y al cabo.













