Morelia/Yanin Castillo
A Gabriela Faustino, antes de salir de su casa, le da un poco de miedo, miedo de imaginar que no regresará a ver su familia, pero ella está entregada, orgullosa y satisfecha como su labor como parte del cuerpo de bomberos.
Se coloca su traje, una liga que sujeta su cabello, para situarse su casco; se despide de su pequeño hijo, aunque siempre recordándolo, ya que para ella es su mayor motivación para retornar a su hogar, con un “todo está bien”.
Cuenta que no es fácil apagar un incendio, como el reciente, aquel que dejo una enorme nube de humo en el cielo de Morelia; dice que sintió una alegría, al ver como llegaban compañeros bomberos de otros municipios.
Su papá desde hace veinte años es un gran bombero. Para ella, desde pequeña lo veía irse de la casa para salvar vidas, pero siempre estaba presente en la familia. En un momento, se dio cuenta que ella también podía ser como él.
Dice que el del bombero es un bello oficio, en donde no hay diferencias entre hombres y mujeres, “aquí todo es parejo”; mientras uno esté entregado no sentirá carga alguna, pues lo más importante es hacerlo con dedicación.
Platica que en el cuerpo de bomberos, todos y cada uno de sus miembros tienen una diferente que los llevó a estar ahí, pero la mayoría ha demostrado que es su pasión.





