«La vida tiene que seguir», deudo del 15-S

Fotografía: Fernando Salgado

Morelia/Fernando Salgado

A 11 años del atentado en el que decenas de familias quedaron marcadas por el sello de la tragedia, entrevistamos en Acueducto Online a Salvador Díaz, un sobreviviente del atentado y que, por desgracia perdió a su esposa ese 15 de septiembre del 2008.

Un hombre serio, de tez morena y mirada fija, curtida, dirigiendo su vista hacia la placa y observa el lugar en el que hace once años ni se imaginaba que estaría parado ahí cada 15 de septiembre recordando a su esposa Leticia Tapia Guerrero, donde año tras año estará asistiendo para recordarla.

“Estábamos en casa viendo la televisión; estaba comiendo con mi señora, estaba comiendo con mis hijos y llegó el momento en que… pues… año con año siempre veníamos al grito, mi señora era… fue profesora de un colegio, el colegio Anáhuac. A ella le gustaba mucho participar tanto en el desfile como en estas actividades”, comenzó a narrar el Salvador mientras miraba entre sus lentes la placa llena de rosas.

Para él ese día fue completamente normal, seguir la costumbre y disfrutar de una verbena popular como en otros años; no hubo ningún presentimiento, pero ahora tiene presente que nunca se podrá comprender un acto violento, pero recuerda puntualmente, “en ese día no había seguridad”.

“Llegó el momento en que nos estacionamos a la altura de las Tarascas y caminamos como toda una familia, todos juntos, todos alegres, pero nunca nos percatamos hacia dónde íbamos o qué nos estaba esperando o qué inseguridad, porque en ese día no había seguridad”, comentaba Salvador luchando por contener sus emociones después de repetir tantas veces la historia dolorosa.

Salvador Díaz tiene ahora 56 años, su voluntad y los principios que compartía con su esposa han hecho que siguiera apoyando, desde las cenizas de la tristeza, a sus hijos que tenían un futuro por delante y que también resultaron lesionados por la explosión de una granada en la plaza Melchor Ocampo; ellos se encontraban exactamente en el lugar de la placa conmemorativa.

“Cómo es posible de dar el… a esa hora tenía que ser… cuando nosotros aquí estábamos dando el grito (de Independencia) en esta parte. Aquí mero estábamos, como a medio metro. Nos tocó el impacto de lleno. Me tocó ver los cuerpos fallecidos, a mis hijos regados yo tenía a mi señora… (se humedecen sus ojos) en brazos… (se quiebra su voz y lucha por contener el llanto)”

Después de once años, él y sus hijos, tuvieron que superar, con sus posibilidades, esta situación que les cambió totalmente su vida “los principios de mi señora; ella nos enseñó que nuestros hijos tenían que seguir adelante. Yo creo que eso es lo que… (Aprieta su boca, mira hacia cualquier lugar, y sus ojos se vuelven a humedecer). Me dejó una tarea, para que nuestros hijos siguieran estudiando. Gracias a Dios y a ella, ya salieron”

Mientras las decenas de personas pasan a nuestro alrededor, el señor Salvador Díaz nos presentó a su hijo Víctor Díaz Tapia, y nos compartió que él sigue adelante, “hay días que uno se apachurra”, pero piensa “les demuestro a mis hijos que la vida tiene que seguir”, “la vida tiene que seguir”, concluyó.