Morelia/Redacción
A sus 474 años de ser nombrada Valladolid, la hoy Morelia luce conservadoramente abandonada hacia un futuro avasalladoramente moderno.
Sin excepciones, todos los últimos gobiernos locales, priístas y panistas y viceversa, solo se han dedicado a la administración del municipio moreliano.
No hay proyectos de mediano o largo plazo que visualicen una ciudad que rompa con la imagen suspendida del pasado, de los 60s, salvo su centro histórico.
Un centro histórico colonial, de innegable señorío, se ve erosionado por las constantes agresiones vandálicas de normalistas y maestros autollamados democráticos.
Y el resto de la ciudad anclado en deficiencias de todos los días, desde el transporte público, pasando por la seguridad pública, hasta la pavimentación de sus calles.
Una urbe moreliana, cuyas fachadas –sin serlo- parecen grises, desgastadas, que crece en forma distorsionada, a diestra y siniestra.
Aquí, en esta ciudad, sigue prevaleciendo la economía de servicios, sin dejar a un lado la especulativa, no la del valor agregado, la que da solidez.
La mayoritaria ciudadanía ve un futuro sin futuro, no hay más, no hay opciones a la vista, ni aun en estos tiempos de campañas políticas electorales.





