Tzintzuntzan, espías a la vista

Tzintzuntzan/Iván Villanueva

El sol comienza a bañar las calles de Tzintzuntzan, mientras los habitantes salen a estas, para presenciar la tradición de los “espías”. La gente pone sus sillas en las puertas de sus casas y con ello comprueban el interés por ver a los “espías” pasar de largo.

En otro lugar, hay un hombre ataviado con pantalón y camisa de manta; capucha, faja y calcetines rojos. Alimenta a su caballo antes de montarlo, antes de comenzar la búsqueda de Jesús de Nazaret. Como él, hay otros 50 “espías”, que saldrán a realizar doce paradas por todo el poblado.

La Capilla del Santo Entierro recibe a los espías, les hacen la señal con la ocarina; ellos realizan una última formación y salen en busca de los 15 Cristos.

Llegan al primer barrio. Las flores, veladoras y una enorme cruz conforman el altar que ofrecen a Jesús. Los espías ingresan a la casa y se arrodillan ante la cruz para rezar, después descansan un par de minutos retumbando el lugar con sus oraciones.

Es así, montados a caballo recorren la localidad desde el Ojo de Agua, hasta el Toril, de Tzintzuntzan. Por las calles se ven a los espías comunicándose con los silbatos, mientras los habitantes no los pierden de vista, entre ellos, niños y adultos sentados las aceras.