El toque místico…

Morelia/Acueducto

La Procesión del silencio, al menos en la capital michoacana suele ser uno de los momentos más solemnes con toques místicos de la Semana Santa.

Uno no puede que observar sin habla, el lerdo desfilar de los fieles en las imponentes figuras de verdugos, soldados romanos y de fariseos.

A veces el toque de misticismo parece ser dramático, sin llegar exactamente a lo lúgubre, pero con una gran dosis de él, más entre la oscuridad y el brillar de las velas…

En redes sociales, se explica que la Procesión del silencio se celebra desde el siglo XVIII en diferentes regiones de la Nueva España durante la Semana Santa para representar y conmemorar las historias bíblicas pertenecientes al episodio de la Pasión de Cristo.

De acuerdo con los evangelios, era la madrugada y los discípulos de Jesús dormían, a pesar de que él les había pedido que no lo hicieran. Mientras oraba, sabiendo lo que venía, una comitiva de sacerdotes hebreos, soldados romanos y residentes de Jerusalén llegó al Huerto de Getsemaní con antorchas y una misión: aprehender a Jesús y llevarlo al tribunal.

El resto de la historia es muy conocida: Jesús es traicionado por Judas, arrestado y llevado ante autoridades judías y romanas entre golpes, latigazos y burlas. Cuando finalmente es condenado a muerte, tiene que cargar su propia cruz hasta el Monte de la Calavera, en donde sería crucificado.

 

Morelia

Cerca de dos mil años después, en Morelia, los fieles están reunidos en punto de las siete de la tarde en la Calzada Fray Antonio de San Miguel, en donde se reúnen cada año las cofradías.

Cada cofradía tiene un tema y un vestuario propio. Algunas llevan una imagen de Cristo crucificado, otras de la Piedad de la Virgen. Unos van vestidos de verdugos, otros de soldados romanos, otros de fariseos.
La comitiva parte y la escena provoca un ligero escalofrío. Solo el sonido de los pasos y el murmullo del público acompañan al silencio inicial. Esporádicamente, estremecedores golpes de tambor perforan con autoridad el ambiente.
A los lados del camino, los observadores sostienen miles de velas encendidas que han sido previamente repartidas por la organización del evento.

La procesión recorre la Avenida Francisco I. Madero y pasa por sitios emblemáticos del centro histórico como la catedral, la plaza de armas y la Plaza Valladolid. A lo largo del recorrido hay once balcones en donde la multitud se detiene por unos momentos para recitar las saetas, coplas breves que se expresan solemnemente.

El final del recorrido es el Templo de Capuchinas en donde, antes de disolver la marcha, las cofradías se reúnen para un último rezo, que transcurre en el mismo espíritu solemne.
La Procesión del Silencio es una muestra del fervor con el que se vive la Semana Santa en Morelia. Más allá de una tradición religiosa, es un acontecimiento social y cultural que vale la pena experimentar como observador.