El vía crucis tras las rejas

Morelia/Acueducto/Ivan Villanueva

Desde la entrada, la luz es tenue y la seguridad impone, las reglas son claras: nada de ropa azul, negra y blanca, tampoco se admiten dispositivos electrónicos que sirvan para comunicación.

“Los celulares aquí en esta caja, igual llaves y lo molesto con una identificación”, afirma uno de los guardias del Centro de Readaptación Social (CERESO), mejor conocido como Mil Cumbres.

Apenas son las 11 de la mañana y el sol cae a plomo, un camino entre rejas conduce hasta la capilla de la cárcel, ahí, internos y sus familiares ya se encuentran orando por la pronta solución de su situación ó pidiendo por limpiar la culpa de haberse “quebrado a ese cabrón”, así me lo expresó un joven de unos 30 años, de edad.

Culmina en la ceremonia religiosa, todos regresan a uno de los patios principales y aquí comienza el viacrucis que representan un medio centenar de reos.

Una por una, hasta completar 15 estaciones, las pocas familias que consiguieron ingresar, observan con orgullo y fe, lo realizado por los prisioneros.

Han pasado cerca de cincuenta minutos y el acto culminante llega, los tres internos que representan a Cristo y los apóstoles son levantados en lo alto de una cruz, por último, todos se arrodillan para hacer una oración y pedir por su salud, familia, paz o su pronta libertad.

Todos regresan a sus actividades, recoger lo utilizado para la representación y volver a sus celdas, con su cruz de todos los días.