Morelia/Acueducto
En la segunda parte de la homilía del Papa Francisco en nochebuena, el texto de Griselda Mutual señala que se centra en la figura de David, joven pastor elegido por Dios para ser pastor y guía de su pueblo, y recordó que “en Navidad, en la ciudad de David, los que acogen a Jesús son precisamente los pastores”:
Nuestro Pastor todo lo vence
Francisco recordó que los pastores en aquella noche “se llenaron de gran temor”, pero allí estaba el ángel, que les dijo «No temáis»:
«Resuena muchas veces en el Evangelio este no temáis: parece el estribillo de Dios que busca al hombre. Porque el hombre, desde los orígenes, también a causa del pecado, tiene miedo de Dios: ‘me dio miedo […] y me escondí’, dice Adán después del pecado. Belén es el remedio al miedo, porque a pesar del ‘no’ del hombre, allí Dios dice siempre ‘sí’: será para siempre Dios con nosotros. Y para que su presencia no inspire miedo, se hace un niño tierno. No temáis: no se lo dice a los santos, sino a los pastores, gente sencilla que en aquel tiempo no se distinguía precisamente por la finura y la devoción. El Hijo de David nace entre pastores para decirnos que nadie estará jamás solo; tenemos un Pastor que vence nuestros miedos y nos ama a todos, sin excepción».
Los pastores vigilan la venida del señor y actúan
Haciendo una aproximación entre los pastores y nosotros, es decir, con los pastores del hoy que vamos al encuentro de Jesús, Francisco recordó el modo en que los pastores de entonces van a su encuentro, es decir, para señalarnos cuál debe ser nuestra actitud hoy. Pero el Papa también puso en guardia sobre la inactividad en la que se puede caer si lo esperamos en el sofá:
«Los pastores de Belén nos dicen también cómo ir al encuentro del Señor. Ellos velan por la noche: no duermen, sino que hacen lo que Jesús tantas veces nos pedirá: velar. Permanecen vigilantes, esperan despiertos en la oscuridad, y Dios ‘los envolvió de claridad’. Esto vale también para nosotros. Nuestra vida puede ser una espera, que también en las noches de los problemas se confía al Señor y lo desea; entonces recibirá su luz. Pero también puede ser una pretensión, en la que cuentan solo las propias fuerzas y los propios medios; sin embargo, en este caso el corazón permanece cerrado a la luz de Dios. Al Señor le gusta que lo esperen y no es posible esperarlo en el sofá, durmiendo. De hecho, los pastores se mueven: ‘fueron corriendo’, dice el texto. No se quedan quietos como quien cree que ha llegado a la meta y no necesita nada, sino que van, dejan el rebaño sin custodia, se arriesgan por Dios. Y después de haber visto a Jesús, aunque no eran expertos en el hablar, salen a anunciarlo, tanto que «todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores».
Correr el riesgo por Jesús es un acto de amor
«Esperar despiertos, ir, arriesgar, comunicar la belleza: son gestos de amor. El buen Pastor, que en Navidad viene para dar la vida a las ovejas, en Pascua le preguntará a Pedro, y en él a todos nosotros, la cuestión final: ‘¿Me amas?’ (Jn 21,15). De la respuesta dependerá el futuro del rebaño. Esta noche estamos llamados a responder, a decirle también nosotros: ‘Te amo’. La respuesta de cada uno es esencial para todo el rebaño».
Será Navidad cuando podré decirte….
La exhortación final del Papa en esta Navidad 2018 fue de ir hacia Belén como lo hicieron los pastores. Y aunque el camino, “también hoy, es en subida”, se debe “superar la cima del egoísmo”:
«Es necesario no resbalar en los barrancos de la mundanidad y del consumismo», dijo. Y concluyó:
«Quiero llegar a Belén, Señor, porque es allí donde me esperas. Y darme cuenta de que tú, recostado en un pesebre, eres el pan de mi vida. Necesito la fragancia tierna de tu amor para ser, yo también, pan partido para el mundo. Tómame sobre tus hombros, buen Pastor: si me amas, yo también podré amar y tomar de la mano a los hermanos. Entonces será Navidad, cuando podré decirte: ‘Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo’».
En el final de la celebración, como todos los años, el Santo Padre Francisco llevó la imagen del Niño Jesús hacia el pesebre situado en el interior de la Basílica Vaticana.
l arzobispo de Morelia, Carlos Merlos Garfias les desea a todos los michoacanos que en sus corazones nazca la paz del Niño Jesús
El arzobispo de Morelia, Carlos Merlos Garfias emitió su mensaje navideño, en el cual habló de paz, solidaridad con los migrantes y con las familias michoacanas.
Les felicito a todos con ocasión de la Navidad, los invito a que juntos contemplemos a Jesús, nacido en Belén, nacido de la Virgen María. En Jesús se encuentran realmente la misericordia y la verdad, en él la justicia y la paz se han besado; la verdad ha brotado de la tierra y la justicia mira desde el cielo. Con esta festividad anual de la Navidad celebramos, el día en que se cumplió la profecía: “La verdad ha brotado de la tierra, y la justicia ha mirado desde el cielo”. La Verdad que mora en el seno del Padre ha brotado de la tierra para estar también en el seno de una madre. La Verdad que contiene al mundo, ha brotado de la tierra para ser llevada por manos de una mujer… La Verdad a la que no le basta el cielo, ha brotado de la tierra para ser colocada en un pesebre.
Dios ha hecho todo, ha hecho lo imposible, se ha hecho carne. Su omnipotencia de amor ha realizado lo que va más allá de la comprensión humana, el Infinito se ha hecho niño, ha entrado en la humanidad. Dios ha nacido. «La tierra ha dado su fruto» (Sal 67,7). Sí, hay una tierra buena, una tierra sana, libre de todo egoísmo y de toda cerrazón. Hay en el mundo una tierra que Dios ha preparado para venir a habitar entre nosotros.
Una morada para su presencia en el mundo. Esta tierra existe, y también hoy, en 2018, de esta tierra ha brotado la verdad. Por eso hay esperanza en el mundo, una esperanza en la que confiar, incluso en los momentos y en las situaciones más difíciles. La verdad ha brotado trayendo amor, justicia y paz.
Sí, que la verdad brote para nuestro México, herido por la violencia, la inseguridad, la pobreza, la migración….
Sí, que la paz brote en nuestra Arquidiócesis de Morelia, en nuestros estados de Michoacán y Guanajuato, para que todos nosotros los ciudadanos construyamos juntos sociedades basadas en la justicia, el respeto de la libertad y la dignidad de cada persona.
Sí, que la paz brote en el corazón de todos los que conformamos esta amada Iglesia de Morelia, en mis obispos auxiliares, en los presbíteros, en los religiosos y religiosas, y en todos los fieles laicos….que la Verdad que ha brotado de la Sagrada Familia, nos aliente a tener una pastoral diocesana viva, dinámica, en búsqueda, encarnada y fiel al Espíritu Santo que todo lo transforma y renueva.
Sí, que la paz brote en el corazón de cada creyente, que el Niño Jesús mire con benevolencia a nuestras comunidades, que el Rey de la Paz dirija su mirada a todos nuestros gobernantes y servidores públicos, para que contribuyan y promuevan la construcción de una sociedad nueva, solidaria, fraterna y justa.
Queridos hermanos y hermanas, amor y verdad, justicia y paz se han encontrado, se han encarnado en el hombre nacido de María en Belén. Ese hombre es el Hijo de Dios, es Dios que ha entrado en la historia. Su nacimiento es un brote de vida nueva para toda la humanidad. Que todos los que celebramos esta Navidad seamos tierra buena, mujeres y hombres de buena voluntad, para que siga brotando el amor, la verdad, la justicia y la paz.





